{"id":201880,"date":"2025-03-13T22:08:04","date_gmt":"2025-03-14T02:08:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elsinodaldetamaulipas.com.mx\/?p=201880"},"modified":"2025-03-13T22:08:04","modified_gmt":"2025-03-14T02:08:04","slug":"singular-25","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elsinodaldetamaulipas.com.mx\/?p=201880","title":{"rendered":"SINGULAR"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cA Sangre Fr\u00eda: El M\u00e9xico de las Fosas Clandestinas\u201d<\/p>\n<p>Por: Luis Enrique Arreola Vidal.<\/p>\n<p>La tierra en M\u00e9xico no es tierra. Es piel rasgada, carne putrefacta bajo el sol. Edith Gonz\u00e1lez lo sabe. Sus manos, agrietadas como la corteza de un mezquite, hurgan el suelo de Colinas del Real, Reynosa, mientras el viento arrastra el hedor dulz\u00f3n de ceniza humana. Diez sitios de exterminio en 2025. Catorce mont\u00edculos de huesos calcinados, prendas infantiles y botas t\u00e1cticas.<\/p>\n<p>\u201cAqu\u00ed hay ni\u00f1os\u201d, susurra, pero la Fiscal\u00eda tarda d\u00edas en llegar.<\/p>\n<p>Cuando lo hacen, traen palas, bolsas negras y mentiras.<\/p>\n<p>\u201cNo hay nada\u201d, dicen.<\/p>\n<p>Edith escupe al suelo. Sabe que cada gramo de polvo contiene nombres: Miguel, Rosa, Luis\u2026<br \/>\nhijos arrancados de camiones, escuelas, mercados. Hijos convertidos en cifras dentro de listas que el Estado borronea con tinta burocr\u00e1tica.<\/p>\n<p>En Jalisco, otra madre, Luc\u00eda, recorre los 186 sitios marcados en su mapa mental. Dos mil cuerpos exhumados, pero ella busca uno: su hijo, desaparecido camino a Guadalajara. En Teuchitl\u00e1n, el CJNG dej\u00f3 un crematorio donde los cr\u00e1neos de las v\u00edctimas brillan como porcelana rota. Luc\u00eda recoge un fragmento, lo guarda en su bolsillo.<\/p>\n<p>\u201cPodr\u00eda ser \u00e9l\u201d, piensa, aunque sabe que nunca lo sabr\u00e1. La incertidumbre es otro tipo de tortura.<\/p>\n<p>Los Arquitectos del Silencio: Los Asesinos.<\/p>\n<p>El Hombre sin Nombre \u2014as\u00ed lo llaman en Michoac\u00e1n\u2014 naci\u00f3 en un pueblo donde el hambre se med\u00eda en hect\u00e1reas de aguacates secos.<\/p>\n<p>A los doce, carg\u00f3 su primer arma; a los quince, enterr\u00f3 su primer cuerpo. Ahora, a los treinta y tres, dirige fosas clandestinas como si fueran siembras.<\/p>\n<p>\u201cCada hoyo es una semilla\u201d, dice mientras vigila a sus hombres en La Bartolina, Tamaulipas.<\/p>\n<p>Quinientos kilos de huesos pulverizados, mezclados con cal.<\/p>\n<p>\u201cAs\u00ed no huelen\u201d, explica.<\/p>\n<p>Su hija menor cumple siete a\u00f1os ma\u00f1ana. Le comprar\u00e1 una mu\u00f1eca de porcelana, como las que vio en una tienda de lujo en Monterrey.<\/p>\n<p>No piensa en los cuerpos. Piensa en la colegiatura de la ni\u00f1a, en su casa nueva con muros a prueba de balas.<\/p>\n<p>En Chiapas, un joven recluta del C\u00e1rtel de Sinaloa, alias El Qu\u00edmico, perfecciona su m\u00e9todo: \u00e1cido en tambos, restos diluidos en l\u00edquido burbujeante.<\/p>\n<p>\u201cEs m\u00e1s r\u00e1pido que quemar\u201d, dice mientras observa un cad\u00e1ver desintegrarse.<\/p>\n<p>Estudi\u00f3 ingenier\u00eda, pero la universidad no pagaba. Ahora, calcula proporciones de \u00e1cido como si resolviera ecuaciones. A veces, sue\u00f1a con los gritos. Se despierta sobresaltado, pero se repite:<\/p>\n<p>\u201cSolo son n\u00fameros.\u201d<\/p>\n<p>Los C\u00f3mplices: Los que Miran Hacia Otro Lado.<\/p>\n<p>El licenciado Ram\u00edrez, fiscal de Guerrero, recibe el reporte de treinta fosas en Zihuatanejo. Suspira. Abre su agenda: reuni\u00f3n con el gobernador a las once, almuerzo con empresarios a la una. Marca el expediente como \u201ccaso prioritario\u201d y lo archiva.<\/p>\n<p>Piensa en su hijo estudiando en Canad\u00e1, en su cuenta bancaria en las Islas Caim\u00e1n.<\/p>\n<p>\u201cNo es mi guerra\u201d, murmura.<\/p>\n<p>Sabe que si investiga, su nombre aparecer\u00e1 en una bolsa negra. Prefiere el silencio. Es un hombre pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>En Palacio Nacional, un asesor presidencial redacta un discurso sobre \u201cla paz de M\u00e9xico\u201d. Afuera, las madres protestan con fotos de desaparecidos.<\/p>\n<p>\u00c9l ajusta su corbata Armani y escribe:<\/p>\n<p>\u201cHemos reducido la violencia en un 20%\u201d.<\/p>\n<p>No menciona las fosas. Tampoco los 70,000 migrantes desaparecidos, ni los 1,500 ni\u00f1os convertidos en fantasmas.<\/p>\n<p>Su secretaria le sirve caf\u00e9. Es el mismo que tomaba en Harvard, donde aprendi\u00f3 a maquillar verdades con elegancia.<\/p>\n<p>Una Familia en Llamas: Los LeBar\u00f3n.<\/p>\n<p>El 4 de noviembre de 2019, el fuego consumi\u00f3 la esperanza de los LeBar\u00f3n. La caravana de mujeres y ni\u00f1os viajaba entre Sonora y Chihuahua cuando los disparos retumbaron como truenos. Tres madres y seis ni\u00f1os quedaron calcinados en sus veh\u00edculos tras ser atacados con armas de alto poder.<\/p>\n<p>Algunos corrieron al monte, peque\u00f1os descalzos entre piedras y espinas, heridos y aterrorizados.<\/p>\n<p>Mackenzie, de nueve a\u00f1os, camin\u00f3 14 kil\u00f3metros en busca de ayuda.<\/p>\n<p>El gobierno tard\u00f3 en reaccionar. La versi\u00f3n oficial hablaba de un \u201cerror del crimen organizado\u201d, como si las balas no supieran a qui\u00e9n mataban. La verdad es que los LeBar\u00f3n eran un blanco.<\/p>\n<p>Denunciaban la violencia.<\/p>\n<p>Se\u00f1alaban a los c\u00e1rteles.<\/p>\n<p>Las promesas de justicia quedaron en el aire. El caso se convirti\u00f3 en otra carpeta empolvada en la Fiscal\u00eda. Nadie supo qui\u00e9n dio la orden. Nadie fue responsable.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, la impunidad no es una casualidad. Es una pol\u00edtica de Estado.<\/p>\n<p>Las Cenizas que Hablan: El Sistema.<\/p>\n<p>M\u00e9xico no es un pa\u00eds. Es un archivo de huesos.<\/p>\n<p>En Colima, Veracruz, Sinaloa, las fosas son espejos de un pacto perverso: el Estado abandona, el crimen limpia.<\/p>\n<p>Los n\u00fameros \u20142,863 fosas desde 2018\u2014 son solo la punta de un iceberg de impunidad.<\/p>\n<p>Los colectivos de b\u00fasqueda, como arque\u00f3logos de lo macabro, desentierran la verdad que el gobierno entierra.<\/p>\n<p>En San Fernando, Tamaulipas, donde masacraron a 72 migrantes en 2010, el viento a\u00fan lleva ecos de gritos.<\/p>\n<p>Un anciano de la comunidad recuerda:<\/p>\n<p>\u201cLos escuchamos llorar, pero \u00bfqu\u00e9 pod\u00edamos hacer? Aqu\u00ed, ayudar es morir.\u201d<\/p>\n<p>Ahora cultiva tomates junto a una fosa sin marcar. A veces, el riego desentierra un diente. Lo tira al fuego.<\/p>\n<p>\u201cAqu\u00ed hasta la tierra est\u00e1 maldita\u201d, dice.<\/p>\n<p>La Memoria que No Muere.<\/p>\n<p>Las madres siguen cavando.<\/p>\n<p>Los verdugos siguen calculando.<\/p>\n<p>Los funcionarios siguen firmando.<\/p>\n<p>M\u00e9xico, un pa\u00eds donde la muerte es un ritual cotidiano, se desangra en silencio.<\/p>\n<p>Pero en las grietas de este infierno, Edith, Luc\u00eda y miles m\u00e1s mantienen viva una pregunta:<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n?<\/p>\n<p>La respuesta est\u00e1 en el suelo, en los huesos sin nombre, en las cenizas que el viento esparce como maldiciones.<\/p>\n<p>Y mientras el hedor a muerte impregna el aire, una verdad persiste:<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, la justicia est\u00e1 enterrada. Pero las madres tienen u\u00f1as. Y memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u201cA Sangre Fr\u00eda: El M\u00e9xico de las Fosas Clandestinas\u201d Por: Luis Enrique Arreola Vidal. 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