{"id":93481,"date":"2022-03-16T16:45:09","date_gmt":"2022-03-16T16:45:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elsinodaldetamaulipas.com.mx\/?p=93481"},"modified":"2022-03-16T16:45:15","modified_gmt":"2022-03-16T16:45:15","slug":"familias-pobres-la-nueva-ola-de-refugiados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elsinodaldetamaulipas.com.mx\/?p=93481","title":{"rendered":"FAMILIAS POBRES, LA NUEVA OLA DE REFUGIADOS"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>EL SINODAL DE TAMAULIPAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Isaccea.<\/em>&#8211;<\/strong>\u00a0La guerra le ha dado nuevas obligaciones. De un d\u00eda para otro, Anna se convirti\u00f3 en una madre prematura. Huy\u00f3 con su familia de Ucrania y, ahora, a sus 15 a\u00f1os, le toca colaborar con el cuidado de los peque\u00f1os: cuatro varones y tres ni\u00f1as, todos menores que ella.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e9xodo no deja alternativa. En un breve lapso, ocupa todos sus esfuerzos para jugar con los ni\u00f1os, cuidar de la peque\u00f1a de tres a\u00f1os y dar biber\u00f3n al beb\u00e9. De a poco, la guerra le roba sus \u00faltimos a\u00f1os de infancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Anna es una refugiada m\u00e1s de los cientos de miles que ya suman a ra\u00edz de la invasi\u00f3n de Rusia al pa\u00eds eslavo. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados actualiz\u00f3 este martes la cifra y ya son 3 millones 381 personas que han abandonado territorio ucranio para escapar de la zona de conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Luce exhausta. Fue una largo viaje desde su ciudad, en Ucrania, a la frontera ucranio-rumana. Trayecto que para su familia fue m\u00e1s dif\u00edcil que para otros, sus recursos econ\u00f3micos son limitados. Viajan su madre, su t\u00eda, una amiga de la familia, los cuatro ni\u00f1os, las tres ni\u00f1as y Anna. Cruzaron a Rumania por el paso fronterizo de Isaccea.<\/p>\n\n\n\n<p>Al traspasar las revisiones correspondientes en la garita, la familia se ve\u00eda desconcertada. Las tres adultas no atinaban qu\u00e9 hacer o hacia d\u00f3nde dirigirse. La noche estaba por caer y les urg\u00eda un refugio. El tama\u00f1o de la familia era impedimento para hallarlo de un momento a otro.<\/p>\n\n\n\n<p>No deseaban pasar la noche en la carpa instalada a unos metros del paso fronterizo para el reposo temporal de los miles de desplazados que a diario llegan por este punto, donde con el paso de las horas la temperatura baja tanto que se vuelve intolerable.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos voluntarios detectaron ese desconcierto y prestos les ofrecieron orientaci\u00f3n. Enfundados en chalecos de colores chillantes \u2013lo que identifica a los voluntarios en las zonas fronterizas que se han sumado a las labores de apoyo para los millones de refugiados\u2013 escucharon pacientes todas las necesidades de la familia de Anna. El idioma se interpon\u00eda en el entendimiento, pero no fue barrera para finalmente comprender la urgencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tres adultas no escond\u00edan su desesperaci\u00f3n y Anna se contagi\u00f3, aunque no perdi\u00f3 de vista a ninguno de los siete ni\u00f1os. Hab\u00eda que actuar r\u00e1pido. Nelly y Romeo, los dos voluntarios, hicieron las gestiones necesarias en los albergues cercanos a esta remota ciudad de la frontera, donde no operan taxis ni un constante transporte p\u00fablico, por lo que llegar y, sobre todo, salir de ah\u00ed sin autom\u00f3vil es una aut\u00e9ntica odisea.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, encontraron un lugar: un refugio instalado en una iglesia ortodoxa de Niculitjel, pueblo a unos 20 kil\u00f3metros de la frontera. Deb\u00edan apresurarse, la poca luz natural se extingu\u00eda y el fr\u00edo arreciaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Nelly y Romeo ofrecieron llevarlos, pero hab\u00eda que dividirlos. La madre, la t\u00eda y seis ni\u00f1os ir\u00edan con \u00e9l; Anna, su peque\u00f1a hermana y la amiga de la familia con Nelly. Minutos antes, la voluntaria hab\u00eda ofrecido&nbsp;<em>avent\u00f3n<\/em>&nbsp;a dos hombres. Cuando Anna los vio, entr\u00f3 en confusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus ojos se reflejaban el miedo y la desconfianza. Se negaba a subir al auto. Nelly intentaba, a se\u00f1as, convencerla de que todo estar\u00eda bien. Que eran amigos. Renuente, la adolescente tom\u00f3 fuertemente de la mano a su hermanita y abord\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>En la iglesia los esperaban con comida, v\u00edveres, productos de higiene y golosinas para los ni\u00f1os, quienes al ver los juguetes dispuestos en una estancia del albergue, corrieron a usarlos. Bast\u00f3 una moto de pedal, una pelota y algunas mu\u00f1ecas para devolverles por instantes espont\u00e1neas sonrisas.<\/p>\n\n\n\n<p>Anna no pod\u00eda darse el lujo de jugar. Las adultas se ocupaban en un di\u00e1logo con los administradores del lugar, atendiendo las reglas y las explicaciones. Por lo que toc\u00f3 a la adolescente alimentar al m\u00e1s peque\u00f1o de sus hermanos, nacido apenas hace unos meses.<\/p>\n\n\n\n<p>En este albergue hay espacio para 51 personas. Cuenta con habitaciones para cuatro o seis hu\u00e9spedes, tiene un \u00e1rea de juegos para ni\u00f1os, un patio y un amplio comedor. Quienes aqu\u00ed se refugian regularmente s\u00f3lo se quedan unos d\u00edas y luego se van, la gran mayor\u00eda de quienes huyen de la guerra buscan llegar a Occidente, muchos tienen familiares o amigos en la Uni\u00f3n Europea, que ya los esperan.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la familia de Anna no ir\u00e1 en esa direcci\u00f3n. Lo desear\u00edan, pero el dinero no les alcanza, apenas juntaron lo necesario para abandonar su pa\u00eds. De momento, permanecer\u00e1n en Rumania, confiando en que la guerra termine antes que sus recursos.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis humanitaria en esta regi\u00f3n de Europa del Este ha llevado a miles de personas a alistarse como voluntarios. Nelly y Romeo ejemplifican ese empe\u00f1o por ayudar sin esperar nada a cambio.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos colaboran en este esfuerzo en Isaccea desde el primer d\u00eda de la guerra. Tras 18 d\u00edas de conflicto, Bruno tiene ya una lectura de c\u00f3mo ha avanzado el \u00e9xodo desde Ucrania: en principio salieron familias que ten\u00edan recursos para movilizarse y llegar a Europa Occidental e incluso cruzar el Atl\u00e1ntico, a lo que define como \u201cla primera ola\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El estrangulamiento de las tropas rusas sobre Ucrania ha llevado a emprender el viaje a otros que buscan salvar la vida pero tienen m\u00e1s limitantes econ\u00f3micas, que los orillar\u00e1 a asentarse en las naciones que hacen frontera con Ucrania. \u201cLos m\u00e1s pobres le pesar\u00e1n a Europa y podr\u00edan importarle menos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Nelly se ha convertido en el \u201c\u00e1ngel\u201d de decenas de desplazados. Todos los refugiados en el albergue de la iglesia ortodoxa no se limitan al expresarle su cari\u00f1o y agradecimiento. Cuando la mujer llega al comedor, un anciano se levanta con dificultades y al o\u00eddo le hace una solicitud. Ella sale de ese espacio y al regresar le entrega dos tarjetas canjeables por comida, una para \u00e9l y otra para su esposa. El hombre expresa su agradecimiento con una sonrisa, un abrazo y le planta un beso en la mejilla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCu\u00e1l es la mayor necesidad de esta gente?\u201d La respuesta de Nelly es breve pero contundente: \u201cUna casa. Todas las personas que han pasado por aqu\u00ed quieren ir a casa cuando la guerra termine\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL SINODAL DE TAMAULIPAS Isaccea.&#8211;\u00a0La guerra le ha dado nuevas obligaciones. De un d\u00eda para otro, Anna se convirti\u00f3 en una madre prematura. Huy\u00f3 con su familia de Ucrania y, ahora, a sus 15 a\u00f1os, le toca colaborar con el cuidado de los peque\u00f1os: cuatro varones y tres ni\u00f1as, todos menores que ella. 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