Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
Hay decisiones de Estado que se envuelven en el manto de la “solidaridad histórica” para ocultar su verdadero nombre: subsidio ideológico a una dictadura.
Y hay otras que se presentan como “cooperación humanitaria” mientras inyectan oxígeno fiscal —barriles de petróleo subsidiados, contratos leoninos y propaganda impresa— a un régimen que solo sobrevive porque alguien, con dinero ajeno, paga su cuenta eterna.
Hoy, ese “alguien” sigue siendo México.
Y en 2025, lo hizo con más intensidad que nunca.
Confirmado por datos irrefutables de la industria (Kpler y reportes de Pemex a la Bolsa de Nueva York): México desplazó definitivamente a Venezuela y se convirtió en el principal proveedor de petróleo de Cuba, suministrando un promedio de 12,284 barriles diarios de crudo —casi el 44% de todas las importaciones de la isla—. Un aumento del 56% respecto a 2024, mientras Venezuela colapsaba al 34%.
No son consignas vacías: son barriles reales, subsidiados con recursos públicos mexicanos, que mantienen encendidas las luces del aparato represivo en La Habana mientras México sufre apagones presupuestales en hospitales y calles.
La cifra que debe repetirse hasta que duela y obligue a rendir cuentas: más de 60 mil millones de pesos solo en combustible subsidiado entre mayo y agosto de 2025 (según investigaciones de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad), con envíos que continuaron durante todo el año y un valor acumulado que supera con creces los reportes oficiales.
Sumemos los contratos médicos (más de 2,019 millones de pesos entre 2022-2025) y la impresión de 15 millones de libros de texto ideológicos (387 millones de pesos), y el orden de magnitud del drenaje fiscal se acerca peligrosamente a los 79 mil millones de pesos en apoyo directo e indirecto.
Cuando los barriles navegan del Golfo de México a Cuba, fluye el dinero mexicano hacia las arcas del régimen.
Y cuando ese dinero fluye, se perpetúa el poder absoluto.
Con la precisión de un bisturí: acuerdos que se pagan a precio de mercado en un sentido y se “cobran” con descuentos políticos en el otro; convenios que terminan siendo donaciones disfrazadas; un intercambio que, en la práctica, es puro financiamiento encubierto a una dictadura sin elecciones libres desde hace más de seis décadas.
Del otro lado, el imperativo moral que quema: cuando México abraza al poder cubano, no está abrazando a un pueblo oprimido, sino a un aparato estatal que administra la miseria, reprime la disidencia y exporta su modelo de control.
Mientras el discurso oficial habla de “hermandad latinoamericana” y “soberanía”, el negocio humano sigue operando sin pudor.
La misión médica: esclavitud moderna del siglo XXI, denunciada internacionalmente.
México contrata miles de médicos cubanos para cubrir vacantes en zonas marginadas, pero el debate real trasciende la retórica: es un esquema de trabajo forzoso tipificado por organismos como el Departamento de Estado de EE.UU., Prisoners Defenders y expertos de la ONU.
Retención del 75-90% de los salarios, restricciones de movimiento, vigilancia constante, separación familiar forzada y sanciones penales por deserción (hasta 8 años de prisión según el Código Penal cubano).
México paga al régimen.
El régimen cobra íntegro.
El médico recibe migajas.
El resto engrosa la caja del poder que lo vigila y lo explota.
Eso no es cooperación: es explotación institucionalizada, validada con dinero mexicano.
Agréguele el capítulo ideológico: millones de pesos invertidos en imprimir y enviar libros de texto cubanos que adoctrinan con el relato oficialista.
Petróleo para mantener la isla en marcha.
Libros para encuadrar la mente de generaciones.
Energía física y propaganda ideológica. Caja fuerte y discurso único.
¡¡¡Más de 60 mil millones de pesos en combustible subsidiado, más miles de millones en médicos y libros: lo que México regaló para ganar absolutamente nada!!!
Volvamos a la cifra irrefutable: ¿Qué representa ese monto en un país con hospitales sin quimioterapias, policías sin equipamiento y familias sin justicia?
- Con esa cantidad se podrían construir y equipar cientos de hospitales modernos, garantizar medicamentos esenciales y contratar personal médico mexicano con salarios dignos.
- Se podría reprofesionalizar la policía nacional, pagar sueldos justos, comprar patrullas y tecnología para combatir la impunidad.
- Significaria vidas salvadas, seguridad en las calles y un Estado presente donde hoy solo hay abandono y oscuridad.
En cambio, ese dinero no sanó a México. Alimentó la supervivencia de la dictadura en La Habana.
El gobierno de la autoproclamada cuarta transformación insistirá en que es “humanismo”, “soberanía” y “cooperación”.
Nadie niega el derecho a una política exterior independiente.
Lo que se cuestiona implacablemente es la prioridad criminal: enviar petróleo subsidiado, pagar contratos que enriquecen a un régimen represor y financiar propaganda educativa para un país sin libertades, mientras México se desangra presupuestalmente.
Aquí no hay odio al pueblo cubano, hay indignación profunda por seguir financiando a sus opresores.
Hay amor exigente y patriótico por México.
No queremos más hospitales mexicanos a media luz, quirófanos sin insumos, patrullas sin gasolina ni familias esperando justicia en vano.
Mucho menos un Gobierno que, con nuestros impuestos, siga apuntalando una de las dictaduras más longevas y crueles del hemisferio.
Ese contraste no es ideológico: es presupuestal, moral y criminal.
Y la historia —esa que no perdona traiciones al pueblo propio— ya está tomando nota de quiénes decidieron apagar México para mantener encendida la dictadura cubana.
