Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
México ya vivió esto.
Y cuando la historia regresa, no lo hace como farsa: vuelve como advertencia.
Durante setenta años, el país sangró bajo el maximato establecido por Plutarco Elías Calles: un caudillo sin banda presidencial que gobernó desde las sombras, designó presidentes dóciles, cocinó elecciones en Bucareli y convirtió al Partido Revolucionario Institucional en una máquina perpetua de poder.
Calles no necesitó la silla; le bastó capturar las instituciones.
Hoy, enero de 2026, el fantasma regresa con otro nombre y otro discurso.
En las mismas oficinas de Gobernación —Bucareli, el viejo laboratorio del control político—, una Comisión Presidencial sin oposición, sin sociedad civil y sin expertos independientes pretende dictar, en privado, el futuro electoral del país: eliminar la representación proporcional, asfixiar el financiamiento a la competencia, centralizar al árbitro en manos del Ejecutivo y desaparecer los órganos electorales locales.
No es austeridad. Es amputación quirúrgica de la pluralidad.
Quienes olvidan —o fingen olvidar— el punto de quiebre cometen el error mayor: las elecciones fueron desterradas de Gobernación en 1996 para impedir que el poder administrara comicios desde el escritorio presidencial.
Aquella reforma no fue un capricho tecnocrático; fue la respuesta a décadas de fraude, simulación y autoritarismo.
Devolver la llave electoral a Bucareli es retroceder treinta años de un solo tajo.
Eliminar la representación proporcional mata la pluralidad.
Premia mayorías absolutas y condena a las minorías al silencio.
No fortalece la democracia: la entrega al partido hegemónico.
Es el mismo guion con otro vestuario.
Calles exilió enemigos; hoy se les silencia con reformas que blindan el control transexenal.
Morena no transforma: restaura.
Cambia el color, no el método.
El maximato reaparece reencarnado en un imitador de “cuarta”, Andrés Manuel López Obrador, quien desde “La Chingada” pretende gobernar más allá de su mandato, capturando árbitros, reglas y tiempos.
Si esta emboscada prospera, 2027 y 2030 corren el riesgo de convertirse en rituales vacíos: victorias decretadas, alternancia muerta, República herida.
La “austeridad” es el disfraz; el clientelismo masivo, el financiamiento real del nuevo maximato.
Ahora bien: sí se puede discutir una reforma electoral real, sin trampas ni nostalgias autoritarias.
Si el argumento es que nadie llegue al Congreso sin pasar por las urnas, avancemos con seriedad y sin demagogia:
• Eliminar los plurinominales en el Senado.
• Reducir 100 escaños en la Cámara de Diputados.
• Establecer 250 distritos uninominales.
• Conservar 150 escaños para primeras minorías, asignados estrictamente por voto popular.
El resultado es claro: ahorro, cámaras más compactas, más ágiles y —sobre todo— representación auténtica.
Estarán en el Congreso quienes la ciudadanía sí votó.
No operadores designados por cúpulas, pero tampoco mayorías aplastantes que borren la diversidad política del país.
Eso es reforma. Lo otro es demolición.
Porque la maquinaria clientelar de Morena no busca eficiencia: busca eliminar contrapesos.
Y sin contrapesos no hay República; hay presidencialismo concentrado, se elimina la pluralidad y la democracia se vuelve frágil.
El veredicto es brutal y claro: esto no es reforma; es restauración autoritaria disfrazada de transformación.
Bucareli vuelve a ser cueva de conspiración.
El Instituto Nacional Electoral, conquistado con lucha cívica y alternancia en 2000, está en la mira.
Basta de decisiones unilaterales del poder.
Exijamos luz: publiquen los borradores, abran las puertas, incluyan a la oposición y a la sociedad.
La democracia no es un lujo tecnocrático; es el único dique que nos separa del abismo.
Si callamos hoy, será el final de la democracia y del Estado de derecho.
No solo el fantasma del maximato volverá, sino su cara más autoritaria, con un Estado al servicio de quien se siente en la silla presidencial.
México, una vez más, será mutilado en nombre del pueblo.
Resistamos y no permitamos que sigan destruyendo las instituciones de la República.
