La política, decíamos en anteriores entregas, obedece también a circunstancias. Cuestión de recordar como llegó al poder el texano-reynosense Francisco García Cabeza de Vaca en el 2016, un sexenio después de que el entonces Presidente Felipe Calderón, lo vetó por encontrarle presuntas manchas ¿o una piel de cebra? en su expediente político.
Y quien lo diría, CV encontró en la administración de Enrique Peña Nieto, (perteneciente al partido que Cabeza más odiaba) la palanca perfecta, para negociar su candidatura a gobernador.
La coyuntura se presentó con la negociación de la célebre reforma energética, en cuya aprobación, el PRI requería necesariamente de los votos panistas en el senado de la república. Por ese idilio donde el PRI y sus aliados le entregaron los recursos de la nación a las trasnacionales y de paso hicieron grandes negocios, el peñismo le abrió las puertas a varias gubernaturas azules.
Tamaulipas fue una de ellas.
Y si bien es cierto que el mandatario traidor al PRI Egidio Torre Cantú ya se había encargado de desgobernar la entidad y maximizar las condiciones de hartazgo, el boleto principal para abrirle las puertas del poder a Cabeza, salió, indudablemente de la residencia de Los Pinos. Especialmente de la oficina presidencial y operado vía Bucareli, donde despachaba el célebre hidalguense, de antepasados chinos, Miguel Ángel Osorio Chong.
Pues bien, hoy la historia de la ,política nacional, en su versión morenista, amaga con un escenario de características recurrentes. Sucede que tanto el Partido Verde, como el Partido del Trabajo se están rebelando, y advierten que sin ellos, no será posible que la nomenclatura guinda, encabezada por la Presidenta Sheinbaum, logre sacar adelante la tan buscada Reforma Electoral.
Las cosas se están complicando. Y paradójicamente, a pesar de que, MORENA tiene los tres poderes de la federación en la bolsa, en uno de ellos, (el legislativo), necesitan de una mayoría calificada, o sea las dos terceras partes de los integrantes de la cámara alta y de la cámara baja. Por esa razón, el partido claudista-obradorista va a necesitar por fuerza de sus aliados.
Ya colocados en este golpe de realidad, habría que preguntarnos ya desde ahora, que tan exigentes se van a poner los verdes y los petistas, a cambio de entregarle a MORENA, prácticamente el control absoluto del poder, y de esa manera cerrarle las puertas de un eventual regreso a las viejas siglas del PRI y del PAN.
Dada la dimensión de lo que está en juego, no creemos que las huestes del Niño Verde y del Alberto Anaya, vayan a pedir simples golosinas políticas. Especialmente el Verde, quien tiene ya, (como regalo de aniversario nupcial) muy perfilada la gubernatura para la esposa del actual gobernador potosino Ricardo Gallardo.
Suponiendo que solo esa gubernatura les concederían. Pero el Verde tiene también planes de irse por la libre en Tamaulipas. Iguales planes en Quintana Roo y otros estados. Por ahí es donde se podrían colar, escenarios hasta ahora impensables.
Para una entidad federativa, como la tamaulipeca, el 2028 dará color ya desde el 2027. Pero la madre de todas las batallas que se verá el año próximo, ya se está decidiendo desde el inicio de este 2026.
Prueba de ello es que, se acaban de reunir con la Presidenta Sheinbaum, siete personajes claves para operar, y poner en marcha la reforma electoral. Hablamos de Luisa María Alcalde, (líder nacional de MORENA), Rosa Icela Rodríguez, (Secretaria de Gobernación), Pablo Gómez, (Presidente de la Comisión para la Reforma Electoral), Adán Augusto López, (líder del senado), Ricardo Monreal, (líder de la cámara de diputados), Estela Damián, (Consejera Jurídica), y Arturo Saldivar, actual Coordinador de Política y Gobierno del gobierno federal.
¿Que planteamientos y propuestas salieron de esta estratégica reunión de la plana mayor del bunker claudista? Pondrían en la mesa, como plan B o plan C, la posibilidad de negociar con los verdes..?
Por lo pronto, el nudo gordiano de la reforma electoral, sigue sin ser resuelto, y el tiempo apremia. Agréguele a este platillo de política interior, el amargo ingrediente de las presiones de Trump. Y el resultado es una realidad compleja, donde todo puede ocurrir.
