José Ángel Solorio Martínez
Parece irreal.
Pero no lo es.
¿Se imaginan, que dos niñas mueran calcinadas en un incendio doméstico en tanto la unidad de bomberos -flamante, por cierto, recién donada- sea exhibida en la explanada de la presidencia municipal como atracción turística?
Sí. Lamentablemente es cierto. Pasó en Altamira, que es gobernada por el morenista Armando Martínez Manríquez.
Las pequeñas, Michelle y Karime de 5 y 3 años, respectivamente, perdieron la vida durante su sueño mientras su madre los había dejado solas para solventar su gastos lavando y planchando en colonias vecinas.
Se atribuye a un corto circuito el siniestro.
Obvio: hay indignación en el pueblo por la irresponsabilidad, la conducta frívola y criminal del alcalde.
El camión de los tragahumo, fue donado por PEMEX apenas en diciembre pasado. Para darlo a conocer el jefe edilicio realizó un evento público en donde mostró a la ciudadanía la adquisición de la alcaldía para seguridad (¿?) de los altamirenses.
Centenares de ciudadanos pasaron a la presidencia a tomarse la foto con la impresionante máquina para combatir quemazones.
Llegó tarde al incendio que acabó con las vidas de Karime y Michelle.
Las víctimas fueron rescatadas con vida. Las heridas que sufrieron eran de tercer grado, por lo que a las pocas horas fallecieron.
Nada pudieron hacer los médicos del hospital Canseco en Tampico, ante la gravedad de las lesiones.
¿Qué autoridades deben intervenir en el caso?
¿Quién tiene el peso de llevar una investigación a fondo de esta tragedia?
¿Tiene responsabilidades el alcalde por omisión?
Alguien debe responder a tantas interrogantes que brotan por lo desgarrador de los hechos.
Después del drama, siguen los actos de expiación de la autoridad municipal: condolencias, donaciones para la familia, atenciones del DIF para los deudos.
Como si todo ello fuese a devolver la vida de las pequeñas y reconfortara a los padres por su pérdida.
Pocas veces hemos visto que la autoridad municipal, ejerza de manera tan trágica su poder. Armando parece trabajar para el oropel; no para resolver problemas ciudadanos. ¿Qué objetivo tiene el presumir un impecable camión de bomberos, en tanto los olvidados ven convertirse en cenizas sus sueños?
La ética morenista se está derrumbando en el sur: Madero, Tampico y Altamira, que en un tiempo fue el orgullo de la IV T y su Segundo Piso, está aceleradamente pudriéndose.
Y al parecer, en ese regresivo fenómeno, está haciendo punta el alcalde Armando Martínez Manríquez.
