Por Oscar Díaz Salazar
Muy cerca del libramiento de Ciudad Victoria, en un extremo de la carretera “interejidal”, vialidad cuyo propósito y uso lo describe su nombre, se ubica un amplio complejo arquitectónico que se conoce como el Complejo de Seguridad Publica, recinto a donde fueron a parar miles de millones de pesos que tuvieron el propósito y la etiqueta de la seguridad ciudadana, degenerando, en la realidad y con el tiempo, en obra pública para una burocracia dorada que en muy poco, -yo diría que en nada-, ayuda a los tamaulipecos para estar y/o sentirnos más seguros.
El centralismo, la corrupción y la visión gandalla y patrimonialista de la política, el gobierno y la administración pública, hicieron posible que las partidas presupuestales cada vez más grandes del dinero público, se encausaran, en teoría a mejorar la seguridad, pero en la práctica se utilizaron para hacer obras faraónicas, instalaciones suntuosas, recintos de primer mundo con acabados de lujo, mientras los policías no tenían equipo táctico, no tenían municiones para su armamento obsoleto, no recibían los viaticos de manera oportuna, ni su paga por los servicios ya prestados.
Hago este recordatorio de la existencia de un espacio Complejo de Seguridad Pública, ejemplo de muchas de las taras y vicios en la administración pública, para compartirles mi temor de que lo mismo esté pasando, o pueda ocurrir a futuro, con el nuevo recinto de las Aduanas de México, recientemente inaugurado este fin de semana por la presidenta Claudia Sheinbaum.
La sede de las Aduanas, nuevecita y de paquete, incluye alojamientos y “amenidades” (como dicen los vendedores de bienes inmuebles) que me parecen estar destinadas a convencer a los burócratas chilangos de hacernos el favor de venirse a vivir a Nuevo Laredo, y que muy poco o nada tienen que ver con la operatividad de un espacio destinado a ser la oficina que regula el comercio exterior (tráfico de mercancías).
El comparativo aduanas y seguridad pública lo hago porque así como el complejo de seguridad pública se construyó mientras las policías trabajaban con las uñas, sucede que las aduanas, por lo menos la de Reynosa, que es la que me consta, operan en recintos que parecen gallineros en zonas de guerra. El puerto aduanero es un patio obscuro, rodeado de barricadas, contenedores y vehículos, todo con apariencia provisional y preparados para un enfrentamiento armado y no para dar la bienvenida a los turistas o connacionales a su regresa a la patria.
No quiere desmerecer el éxito de las autoridades involucradas en la construcción del recinto aduanero de Nuevo Laredo. Digo que no deben descuidar el campo de batalla, la línea de producción o el área donde se llevan a cabo las tareas esenciales de esa dependencia.
Termino con un pronóstico que tampoco les va a gustar a las autoridades y es que NO se instalará total y completamente la Dirección de Aduanas en Nuevo Laredo. Las autoridades del centro CDMX, no van a soltar el control de esa dependencia en la que amarran al perro con longaniza, porque manejan recursos abundantes.
El único caso de éxito que conozco, en cuanto a la descentralización de dependencias públicas, es el del INEGI, que salió de CDMX para ubicarse en Aguascalientes. Oportuno es recordar que AMLO incumplió la promesa de llevarse la SEP a Puebla, la Dirección de Aduanas a Nuevo Laredo y todas y cada una de las muchas promesas de reubicación de las dependencias federales.
