Por Oscar Díaz Salazar
Por una buena temporada, me reunía los martes con un grupo selecto de politólogos de Cafe, compuesto por un periodista, un hibrido de burócrata y periodista, un funcionario sin chamba y el que escribe.
En más de una ocasión, la conversación derivó en discusión, alimentada por cuestiones semánticas, más que por diferencias de criterio. A manera de ejemplo les refiero que al abordar un tema y afirmar que yo lo había documentado, para redactar un texto en el que “denunciaba” un hecho o circunstancia, el periodista me entendía perfectamente; el burócrata me comprendía bien; pero el ex funcionario, abogado de profesión, afirmaba que solo se podía llamar denuncia a la que se hacía ante una autoridad competente.
La formación profesional del abogado, lo hacía entender las mismas palabras con otro sentido, un sentido muy estricto y limitado a lo que se entendía en su profesión por una palabra determinada, como es el caso de “denuncia” en el ejemplo que les refiero.
El asunto es similar al debate que se ha dado en relación al concepto de “traición a la patria”, que es la definición de un delito muy concreto y específico, contemplado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, relacionado con la colaboración con entidades o países diferentes al nuestro, que implique un perjuicio o daño a nuestros intereses.
Les comparto la definición de Google de este delito:
“La traición a la patria es un delito grave que implica actos de deslealtad extrema contra la independencia, soberanía o integridad territorial de un país, como colaborar con potencias extranjeras para someterlo, entregar el patrimonio nacional, o participar en sabotaje, espionaje o conspiración contra el Estado, según define el Código Penal Federal mexicano en su artículo 123, estableciendo penas severas para quien cometa estas acciones, como ceder a un gobierno extranjero o entregar ilegalmente personas fuera del país.”
Por eso es que el ex gobernador Cabeza de Vaca es un traidor a la patria, cuando colabora con el gobierno gringo, con las autoridades del que también es su país, con la intención de provocar una intervención. No importa que esa colaboración con las agencias de los gobiernos gringos las justifique con las mejores intenciones o con pretextos que incluso pueden ser válidos y ciertos, el ex gobernador es un traidor a la patria.
Los defensores de Cabeza de Vaca, los que siguen añorando la tutela de otras naciones o que nos impongan un emperador, los que fueron desplazados del gobierno y piden apoyo externo para regresar a la normalidad en la que ellos mandan, todos ellos pueden devolver el adjetivo de traidores a la patria y vincularlo a cualquier deficiencia o falla del grupo gobernante, pero la Constitución reserva esa expresión a los que colaboran con otros gobiernos en perjuicio del nuestro.
Y si usted me pregunta si los narcotraficantes, los corruptos, los saqueadores y los malos funcionarios son traidores a la patria, la respuesta es que No, mientras no colaboren con otras naciones para dañar o poner en riesgo la integridad territorial, la soberanía o conspire contra el Estado, etc.
