BLANCA ANZALDÚA: EL AGANDALLE DE LA TRIBUNA

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Martín Díaz / Periodismo con Firma
Hay una frase que dice: «No me des, ponme donde hay». En el Congreso de Tamaulipas, la diputada Blanca Anzaldúa Nájera parece haberla llevado a un nivel de maestría legislativa. Bajo el noble disfraz de «fortalecer la libertad sindical», lo que presenciamos esta semana no fue un acto de justicia laboral, sino una burda pasarela política financiada con el dinero de los contribuyentes.

El doble discurso como estrategia
Resulta cínico, por decir lo menos, que la diputada Anzaldúa suba a la tribuna para proponer sanciones contra quienes usen recursos públicos para influir en los sindicatos, mientras ella misma comete exactamente ese pecado.

¿Qué es el tiempo legislativo, la cobertura oficial y el micrófono del Pleno si no son recursos públicos? Anzaldúa no legisló para el maestro de a pie; legisló para su propia campaña. Utilizó la máxima tribuna del estado para quedar bien con la cúpula, lanzando elogios al dirigente nacional del SNTE y al local, Arnulfo Rodríguez, quien acudió con su «porra» de cien docentes para validar el acto. Lo que vimos fue un mitin sindical pagado por el erario, bajo el amparo de la inmunidad parlamentaria.

El «piso parejo» que ella misma rompe
La reforma habla de equidad y de no condicionar beneficios. Sin embargo, la propia diputada está rompiendo esa equidad desde su curul.

Mientras cualquier maestro que aspire a la dirigencia de la Sección 30 debe ahorrar de su sueldo para visitar delegaciones en el estado, Anzaldúa lo hace desde la comodidad del Palacio Legislativo.

Mientras un docente común debe pedir permiso para faltar a su grupo, ella usa sus «horas de trabajo» como diputada para posicionar su imagen frente a los medios estatales.
Es el clásico agandalle. La diputada está diseñando las reglas del juego para sus competidores, asegurándose de que «nadie se meta», pero reservándose para ella el derecho de usar el aparato del Estado como trampolín.

La autonomía como pretexto

Hablar de «autonomía sindical» cuando tienes al líder del sindicato aplaudiéndote en las galerías no es autonomía, es complicidad política. Blanca Anzaldúa no busca que el poder público se aleje de los sindicatos; busca que el poder público —específicamente la SET— no le estorbe en su camino hacia la dirigencia gremial.

La congruencia no se grita en tribuna, se demuestra con los hechos. Promover una ley «antijuego sucio» mientras se juega con ventaja institucional es, en el mejor de los casos, una contradicción ética; en el peor, es un engaño a la base trabajadora.

El magisterio tamaulipeco no es ingenuo. Sabe que cuando el río suena, es porque la diputada ya está nadando hacia la Secretaría General. La verdadera pregunta es: ¿Vamos a permitir que el Congreso siga siendo la casa de precampaña de quienes no se llenan con un solo presupuesto?

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