AL VUELO-
Por Pegaso
En esta columna voy a desmitificar al super héroe nacional por excelencia: Kalimán.
Si usted lo tiene como ídolo, o como modelo de conducta, lo idolatra y colecciona todas sus películas, revistas y radionovelas, favor de saltarse hasta donde dice: “Kalimán era un hijo de…”
Para empezar, el llamado Hombre Increíble era un completo irresponsable. Llevaba a su pequeño amigo Solín al peligro, poniéndolo en situaciones de muerte. Así se demuestra en cada número de la revista que por muchos años se publicó y circuló por la mayoría de los países de habla hispana.
En total, salió durante 26 años a lo largo de 1,351 números consecutivos, de los cuales, 1,308 ocho son originales y el resto, reimpresiones.
A pesar de que en ocasiones Kalimán tiene algunos arranques de misoginia, como cuando afirma que las mujeres son débiles para realizar tal o cual acción, se nota que es un garañón empedernido, y al menos en dos o tres ocasiones se ha enamorado de la coprotagonista, como en la historieta titulada “La Bruja Blanca”.
Kalimán, de acuerdo con su apariencia, debe andar entre los 35 y los 40 años. Sin embargo, es sospechoso que en casi todas las aventuras, cuando llega a Estambul, a Calcuta, a Pekín, el Tíbet, a Río de Janeiro o a cualquier otro lugar del mundo, siempre llega buscando a un viejo amigo, que normalmente es un betabel de ochenta o noventa años.
Lo que me da a entender que en realidad sus poderes mentales lo hacen ver mucho más joven.
Algo que llama la atención es que nunca, nunca, se mancha de polvo, tierra o mugre su trajecito blanco.
Aquí coincide con el resto de los superhéroes, como Batman, Supermán o el Hombre Araña, porque parece que la tela de sus atuendos es repelente a las manchas.
O bien, cuando llegan a romperse, inmediatamente sacan otro traje igual para verse siempre impecables.
Ya lo he dicho en anteriores ocasiones. De repente me provoca escozor que en cada episodio Kalimán esté a punto de morir al menos tres veces, de las cuales logra salvarse gracias a sus poderes mentales y en otras ocasiones, por pura suerte.
Casi todos los días leo entre uno y dos capítulos de la revista, ya que hay varias personas en Facebook que las publican de manera gratuita.
Y en todos ellos, como ya dije líneas arriba, el irresponsable hombre del turbante expone al niño a incontables peligros.
Se supone que más que un héroe, es un semidios, al igual que Hércules en la mitología griega.
Kalimán es un hijo de la diosa hindú Kali. De hecho, es el séptimo descendiente de esa deidad, donde, al parecer, ha habido otros kalimanes justicieros antes que él.
Pero la verdad es que la revista y en general, el personaje, son un plagio completo, ya que anteriormente salía una revista llamada Tamakún, editada en Cuba.
Tamakún es, o era un héroe justiciero con una vestimenta oriental muy parecida a la que usa Kalimán.
Los mismos que hacían a Tamakún emigraron a México y en 1963 hicieron una novela con un personaje llamado Kalima, con su inseparable amigo Olin, sin embargo, esto no pegó hasta que Rafael Cutberto Navarro lo rebautizó como Kalimán, y a su acompañante, como Solín.
Luego, el personaje pasó a formato de revista y finalmente, se hicieron dos películas chafas llamada “Profanadores de Tumbas” y “El Siniestro Mundo de Humanon”. El resto es historia.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso, cortesía de Leo de la Mancha y sus Manchados: “Y arribó como El Hombre de Acero, con la ropa interior en la parte superior de la prenda de vestir masculina”. (Y llegó como Supermán, con los chones encima de los pantalones).
DESMITIFICACIÓN
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