domingo, marzo 01, 2026

NO HAY PROYECTOS INDIVIDUALES ADELANTADOS

Opinión

CONFIDENCIAL

Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.

 

 

“Aquí no hay agendas personales. No hay proyectos individuales adelantados”.

La frase no fue una cortesía política ni un recurso discursivo. Fue una línea trazada desde el poder.

El gobernador Américo Villarreal Anaya la pronunció frente a la dirigencia de base de Morena en Tamaulipas, en su calidad de primer morenista del estado, y con ello fijó un límite claro a quienes ya comenzaron a moverse con la mirada puesta en el 2027.

No fue un mensaje para la galería.

Fue un mensaje de control político.

De esos que no necesitan nombres porque todos saben a quiénes alcanza.

Porque cuando se advierte que “los tiempos los define el movimiento”, lo que en realidad se está haciendo es frenar la tentación de adelantarse, de construir proyectos personales al margen de la conducción colectiva.

Y eso, en el contexto actual, no es un detalle menor.

Es una llamada de atención de cara al 2027, el año donde los tamaulipecos iremos a las urnas para renovar 43 Ayuntamientos y elegir a 36 nuevos diputados locales que integrarán la 67 legislatura del Congreso del Estado. Por supuesto, también elegiremos a nuevos diputados federales.

El mensaje, frente a los presidentes y secretarios de los comités seccionales recientemente electos,  no dejó espacio a interpretaciones: la prioridad es la unidad. No como consigna, sino como condición para sostener el proyecto sin que la ambición interna lo desgaste antes de tiempo.

Porque en Morena —como en todo movimiento que ha alcanzado el poder— comienzan a asomarse las señales de la disputa interna. Los posicionamientos sutiles, los recorridos estratégicos, las lealtades que se reacomodan.

Los acelerados.

A esos va dirigido, en buena medida, el discurso.

A quienes parecen olvidar que, como se dijo con claridad, “el proyecto colectivo está por encima de cualquier interés personal”.

A quienes confunden cercanía con derecho.

A quienes suponen que el momento político ya llegó.

El gobernador fue más allá.

No solo pidió unidad. Definió lo que significa.

Unidad —dijo en los hechos— no es uniformidad, sino madurez política. Es entender que las decisiones no se anticipan, se construyen. Que las definiciones no se arrebatan, se procesan.

Y que nadie, por más cercano que se sienta al poder, tiene licencia para romper los tiempos.

Porque también lo dejó claro: “no hay espacios para la improvisación”.

La frase encierra más de lo que aparenta.

Es un mensaje directo a quienes pretenden posicionarse sin estructura, sin territorio y sin el respaldo real de una organización que —como se reiteró— se construye desde abajo, en los comités seccionales.

Ahí está otra clave del discurso.

Mientras algunos miran hacia el 2027, el gobernador los regresa al presente: al territorio, a la organización, al trabajo cotidiano.

Porque, en sus propias palabras, “el 2027 no se gana con improvisación”.

Se gana con disciplina.

Con estructura.

Con trabajo en equipo.

Y, sobre todo, con lealtad al proyecto, no a las aspiraciones individuales.

Esa es, en el fondo, la línea política que se traza.

No es un freno al futuro.

Es un ordenamiento del presente.

Porque Villarreal Anaya entiende que Morena ya no es oposición. Es gobierno. Y gobernar implica, además de administrar el poder, evitar que se fracture desde dentro.

Por eso la disciplina no aparece como imposición, sino como mecanismo de contención.

Porque donde no hay disciplina, aparece la disputa.

Y donde hay disputa anticipada, el desgaste es inevitable.

El gobernador lo sabe: las derrotas más costosas no vienen de la oposición.

Vienen de casa.

De ahí el tono.

Sin estridencias.

Sin confrontación abierta.

Pero con firmeza suficiente para marcar límites.

La referencia a la presidenta Claudia Sheinbaum refuerza esa lógica de conducción.

No sólo como respaldo, sino como alineación a un proyecto nacional donde los tiempos y las formas importan.

Donde las definiciones no se improvisan.

Se construyen.

Y se respetan.

En ese contexto, el mensaje adquiere una lectura inevitable.

No es momento de adelantarse.

No es momento de distraerse.

No es momento de dividir.

Es momento de organizar.

De disciplinarse.

De trabajar.

Porque lo que está en juego no es una candidatura.

Es la continuidad de un proyecto.

Uno que —como bien se dejó ver— no pertenece a nombres.

Pertenece a una base.

A una estructura.

A miles.

Por eso el mensaje incomoda.

Porque pone orden.

Porque fija límites.

Porque le baja el ritmo a quienes ya corrían.

Rumbo a 2027, la ruta está definida: unidad, disciplina y territorio.

Sin atajos.

Sin improvisaciones.

Y, sobre todo, sin adelantados.

Porque en Morena, al menos por ahora, el que se acelera… no necesariamente llega.

ASÍ ANDAN LAS COSAS.

roger_rogelio@hotmail.com

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