Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
México es un país extraordinario.
Un país donde el gobierno predica todos los días austeridad republicana, combate a la corrupción y “primero los pobres”… mientras, en algún rincón del sureste, alguien organiza una fiesta que parece producida por Netflix, patrocinada por Hollywood y ambientada con dinero que, casualmente, nace en el ecosistema petrolero del Estado.
La escena ocurrió en Tabasco, la tierra que el discurso oficial convirtió en la cuna moral de la Cuarta Transformación.
Pero esta vez no se trató de la refinería de Dos Bocas.
Ni de una conferencia mañanera.
Ni de un programa social.
Fue algo mucho más simbólico.
Una quinceañera de millones de dólares.
Sí.
Una fiesta que, según estimaciones de proveedores, asistentes y fuentes del sector del entretenimiento, pudo haber costado entre 45 y 65 millones de pesos —unos 3 millones de dólares—, cifra suficiente para financiar durante meses el presupuesto de varios municipios mexicanos.
¿La festejada?
Mafer Guerrero, hija del empresario petrolero Juan Carlos Guerrero Rojas, propietario de la empresa Petroservicios Integrales México, firma que ha recibido contratos de PEMEX por más de 4 mil 117 millones de pesos.
Y ahí comienza la verdadera historia.
Porque en México las fiestas del poder nunca son sólo fiestas.
Son radiografías del sistema.
EL FESTIVAL DEL PETRÓLEO.
El evento fue, según los videos que inundaron redes sociales, un espectáculo digno de un festival internacional.
Belinda cantando como si fuera concierto privado.
J Balvin poniendo reggaetón frente a un pastel monumental con forma de Estatua de la Libertad.
Galilea Montijo fungiendo como maestra de ceremonias.
Escenario de concierto.
Iluminación profesional.
Producción audiovisual de primer nivel.
Miles de invitados.
Pulseras de lujo para los asistentes.
Solo los artistas —según estimaciones del sector— pudieron costar entre 21 y 30 millones de pesos.
Una fiesta que no parecía quinceañera.
Parecía el festival anual de la prosperidad petrolera.
EL DINERO QUE HUELE A PEMEX.
Tabasco no es cualquier estado.
Es el corazón energético del país.
Ahí se concentran plataformas, refinerías, contratos, proveedores y una red gigantesca de empresas que viven directa o indirectamente de PEMEX, la petrolera más endeudada del planeta.
Y en torno a ella se ha construido, durante décadas, un ecosistema económico muy peculiar:
Empresas que aparecen de la nada.
Contratistas que crecen a velocidad petrolera.
Intermediarios que descubren que el camino más corto hacia la riqueza en México no pasa por Silicon Valley…
sino por un contrato público bien conectado.
En el caso de Petroservicios Integrales México, los números hablan por sí solos:
Más de 4 mil millones de pesos en contratos con PEMEX.
Algunos obtenidos mediante adjudicaciones directas.
Mientras tanto, la petrolera mantiene adeudos cercanos a los 563 millones de pesos con la empresa.
Curioso modelo económico.
Pemex endeudada.
El país apretándose el cinturón.
Y la fiesta… en modo Dubai tropical.
LOS INVITADOS DEL PODER.
En política existe una regla antigua:
dime quién asiste a tu fiesta y te diré quién respalda tu negocio.
Entre los nombres que orbitan alrededor del anfitrión aparecen personajes con conexiones relevantes en el mundo político y petrolero.
Socios vinculados a estructuras cercanas a Morena.
Operadores políticos regionales.
Empresarios que han trabajado con grandes contratistas del sector energético.
Y, según versiones difundidas en medios y redes, como padrino del evento Marco Torres Fuentes, subdirector de Producción de Pemex Exploración y Producción.
¿Coincidencia?
En México, cuando política y petróleo se encuentran en la misma mesa…
las coincidencias suelen costar miles de millones.
LA BURGUESÍA DEL BIENESTAR.
La historia mexicana tiene una constante brutalmente honesta:
cada revolución termina creando su propia élite.
El PRI tuvo su aristocracia política.
El PAN generó su círculo empresarial.
Y ahora, en plena era de la Cuarta Transformación, comienza a consolidarse algo que podríamos llamar:
la burguesía del bienestar.
Empresarios que prosperan al calor del presupuesto público.
Proveedores que descubren que el mejor modelo de negocio en México no es innovar…
sino tener el teléfono correcto en el momento correcto.
LOS XV DEL BIENESTAR.
La propia Xóchitl Gálvez bautizó el evento con un nombre que resume perfectamente el momento político:
“Los XV del Bienestar.”
El título es perfecto.
Porque mientras el gobierno repite que los recursos alcanzan apenas para sostener programas sociales, en el ecosistema del poder aparecen celebraciones que parecen patrocinadas por la bonanza petrolera de un país en crisis financiera.
Mientras PEMEX arrastra una deuda superior a los 100 mil millones de dólares, algunos de sus proveedores parecen vivir una prosperidad digna de Abu Dhabi.
EL PAÍS DE LAS DOS REALIDADES.
Mientras en Tabasco se organizaba una fiesta de millones de dólares, en muchas regiones de México ocurría algo mucho más cotidiano:
Hospitales sin medicamentos.
Universidades con presupuestos recortados.
Pequeños contratistas esperando pagos de PEMEX durante meses.
Familias pagando gasolina cada vez más cara.
Dos Méxicos.
Uno que lucha.
Otro que celebra.
Uno que paga impuestos.
Otro que parece vivir de ellos.
CUANDO SE APAGAN LAS LUCES.
Las fiestas del poder siempre terminan igual.
Las luces se apagan.
La música se detiene.
Los invitados se van.
Pero lo que queda es la memoria.
Y en política la memoria es peligrosa.
Porque los ciudadanos pueden tolerar muchas cosas:
crisis económicas,
promesas incumplidas,
discursos vacíos.
Lo que rara vez toleran para siempre es la ostentación del poder frente a la precariedad del país.
Tal vez esta quinceañera no sea sólo una fiesta.
Tal vez sea el símbolo perfecto de una época.
Una época donde el discurso habla de austeridad…
mientras el poder sigue bailando con el petróleo de los mexicanos.
Y donde la verdadera pregunta no es cuánto costó la fiesta.
La verdadera pregunta es:
¿cuántas más estamos pagando sin saberlo?
