Por Oscar Díaz Salazar
Los tránsitos o policías de vialidad han sido, históricamente, los prototipos de la corrupción y del mal gobierno, y esa mala fama de los uniformados está bien ganada en los municipios del sur de Tamaulipas, concretamente en Tampico y Ciudad Madero, en donde se agotó la paciencia y la tolerancia de los ciudadanos, ante los casos de abuso de autoridad que recientemente padecieron.
El atropellamiento de un transeúnte tampiqueño, que las autoridades pretenden dejar impune, fue la razón para que la manifestación para protestar y exhibir esa omisión de la autoridad y encubrimiento del responsable, derivara en un zafarrancho en el acceso al recinto ferial de Tampico, que aprovechó la gente para evadir el pago y acceder libremente al evento (fiestas de Abril).
La prensa regional le ha dado cobertura al tema de Tampico, más no así al de Ciudad Madero, en donde también se trata de un intento para proteger a un sujeto que atropelló y mató a un anciano, con el agravante de hacerlo alcoholizado.
El junior de un influyente político que milita en la Avorazada, ha podido evadir la ley y la justicia, porque su padre fue agente vial y conoce tan bien el sistema policiaco, que supo la manera y el tiempo de intervenir para burlar la ley.
La crónica de los familiares que hoy lloran la muerte de un buen hombre, señalan que al muchacho le ayudaron retirándolo del lugar, escondiendo las botellas de bebidas alcohólicas, sembrando un supuesto chofer sustituto y levantando el cuerpo del occiso, sin dar tiempo a que los agentes ministeriales hicieran su labor.
Ese procedimiento que ya es obvio para cualquier ciudadano, esperar a que la autoridad haga su levantamiento oficial antes de retirar a los difuntos, no fue atendido por los agentes de vialidad, que con esta acción pretendieron ayudar al homicida.
El asunto le puede tronar al alcalde Erasmo González, al igual que le alcanzó a Mónica Villarreal.
El incidente de corrupción en la corporación de tránsito de Ciudad Madero, le concede mucho de razón a la regidora que recientemente se opuso al incremento salarial de los agentes y a la contratación de más elementos, pues para robarle al ciudadano y permitir la corrupción, es mejor que sean pocos los policías viales.
El detalle que no ayuda para que el avorazado maderense se salga con la suya, es que no es discreto y que a la menor provocación presume y charolea de su “amistad con Ameriquin”.
