DE LIBROS Y COINCIDENCIAS

Opinión

Por Oscar Díaz Salazar

Me pasó una cosa interesante en mi más reciente visita a la casa del amigo Rodolfo Santos, también conocido como El Tigre de la Ribereña.

Sabiendo que hace un año, por estas mismas fechas, la inundación causó daños en su biblioteca personal, registrando una pérdida de 6 mil libros, según sus propios cálculos, la conversación sobre los libros, fue el preámbulo para mostrarme los textos que sobrevivieron, por estar ubicados en las partes más altas de los libreros y closets en tres recámaras, una oficina, y una área social de su casa familiar.

En el segundo paquete de libros que me muestra el Tigre, detecto un libro que recientemente leí: La sociedad de la confianza de Alain Peyrefitte.

Al comentarle que apenas una semana atrás lo había terminado de leer y que me pareció muy interesante, Rodolfo me platicó que ese libro lo había adquirido y leído varios años atrás, y que se lo había recomendado su entonces jefe, y único jefe, Marco Antonio Bernal, cuando coincidieron en una secretaría del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.

Mi comentario y respuesta inmediata fue para compartirle mi sospecha de que el libro que yo leí, y que recién adquirí en una librería de segunda mano ubicada en la calle 17 de Ciudad Victoria, fue propiedad de Marco Antonio Bernal.

Unas tres semanas atrás, cuando ya había seleccionado un libro en el establecimiento de libros usados, el encargado me invitó a observar el material que tenían en un espacio adjunto y que formaba parte de una biblioteca personal que recientemente habían adquirido.

Algunos libros de psicología (profesión de Bernal), de ciencia política, (ocupación de Bernal), ediciones del PRI nacional (donde laboró Bernal) y un par de textos rotulados con el nombre del ex senador tamaulipeco, me hacen pensar que ese acervo bibliográfico fue propiedad de Marco Antonio Bernal, político tamaulipeco recientemente fallecido.

Varios de mis conocidos, familiares y amigos, que son bibliófilos y que tienen bibliotecas personales de cantidad y calidad interesantes, me han compartido su preocupación sobre el destino de sus libros, sus muy queridos libros, cuando ya no estén ellos para cuidarlos, admirarlos, asearlos, leerlos y re leerlos.

Desde el momento en que vi los indicios de que la biblioteca de Bernal, o una de sus bibliotecas, acabaron en una librería de segunda mano, que por supuesto es mucho mejor que en la basura, quise escribir sobre el tema.

La coincidencia de leer el mismo libro por recomendación o influencia involuntaria de Bernal, me llevó a compartirles esta anécdota, que va

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