Martín Díaz / Periodismo con Firma
En Reynosa, la verdad suele ser una moneda de dos caras: la que se presume en las ruedas de prensa y la que estalla en los operativos federales. Recientemente, el alcalde Carlos Peña Ortiz ha subido el tono de su discurso, retando a la ciudadanía a denunciar extorsiones y a no doblarse ante el crimen organizado. Un llamado valiente, de no ser porque el enemigo —o al menos sus vínculos más cercanos— parece despachar en la oficina de al lado, dentro de su propio gabinete.
La captura de Engelbert Chavira Ríos en la colonia Aztlán es un dardo directo al corazón del Ayuntamiento. El detenido no es cualquier ciudadano: es el hermano de Iris Alondra Chavira Ríos, quien despacha como Directora en Tránsito y Vialidad. El Alcalde Carlos Peña Ortiz intentó apagar el fuego con el desgastado discurso de que ‘el parentesco no hereda culpas’, pero su nerviosismo lo traicionó: al tratar de proteger a su funcionaria, terminó por exhibir la vulnerabilidad de su propio gabinete.
El Alcalde que «sabe demasiado”
Lo más inquietante de las declaraciones de Peña Ortiz no fue su deslinde, sino su precisión. Al asegurar con total certeza que el detenido «no es el Snoopy ni el M-49», el edil se puso en una posición comprometida. ¿Cómo sabe el Alcalde quién NO es el Snoopy? Para desmentir una identidad establecida por la inteligencia federal, se requiere de un conocimiento profundo del organigrama criminal de la zona.
Si el Alcalde tiene esa capacidad de identificación, surge la pregunta obligada: ¿Por qué esa información no se tradujo en denuncias previas ante la Mesa de Seguridad? Pedirle al ciudadano común que denuncie mientras la autoridad municipal matiza la identidad de un presunto mando delictivo no es solo una contradicción; es un insulto a la inteligencia del reynosense.
Tránsito: El botín de guerra
Más allá del parentesco, la información curricular oficial del Ayuntamiento confirma que Iris Alondra Chavira Ríos ostenta el rango de Directora, compartiendo la cúpula de la corporación con Mario Soria. Esta dualidad de mandos en la Secretaría de Seguridad Pública sugiere que los recientes movimientos son, en realidad, un reacomodo por el control del jugoso negocio de los operativos viales.
El fondo de la disputa no parece ser la seguridad, sino el control de los operativos antialcohol. Es un secreto a voces que estas movilizaciones generan recaudaciones masivas que rara vez llegan a las arcas municipales, alimentando una estructura de lealtades políticas. Con Soria al frente de la narrativa recaudatoria y el entorno de Chavira bajo la lupa federal, el control de Tránsito se confirma como lo que siempre ha sido: el dominio de una caja que no rinde cuentas.
El remate
Al final del día, el discurso de «hacerle frente a la delincuencia» se queda vacío si, al momento de la verdad, el Alcalde prefiere actuar como abogado defensor del entorno de sus funcionarios que como el primer vigilante de la integridad de su gobierno.
En Reynosa, la justicia no es ciega; simplemente parece que la autoridad municipal tiene otros datos, incluso cuando los vínculos delictivos tocan a la puerta de sus propias oficinas. Mientras el debate se centra en alias y parentescos, en el fondo late la verdadera urgencia por el poder recaudatorio. Con el anuncio de los nuevos operativos, la caída de este eslabón parece ser solo la primera víctima de una guerra interna. La pregunta que queda en el aire ya no es si habrá justicia, sino en manos de quién quedará el control total de una nómina paralela que se alimenta, noche tras noche, del bolsillo de los reynosenses.
Ahí están los hechos; que cada quien saque sus conclusiones.
