Por Oscar Díaz Salazar
En vísperas de elegir al candidato del PRI a la presidencia de la República, – que todavía en los años ochentas equivalía a elegir el presidente, o al menos así se creía antes de que surgiera la Corriente Democrática del PRI, y de la fractura que derivó en la escisión de la corriente nacionalista, después denominada cardenista-, uno de los aspirantes a la silla del águila era Manuel Bartlett Díaz.
Para mi fue una sorpresa descubrir a un político relajado, jovial, accesible, gracioso y con mucho talento, en el adusto secretario de Gobernación de rostro duro y mirada severa que nos mostraban los periódicos, en la entrevista que en televisión le hicieron al poblano / tabasqueño que si bien no fue presidente, trascendió a ese sexenio como secretario de Educación y gobernador de Puebla, manteniéndose vigente como senador y director de la Comisión Federal de Electricidad con los morenos.
Recuerdo que en ese entrevista en televisión, que no fue con un periodista, sino con un conductor en un programa de revista o entretenimiento, le dedicaron varios minutos a describir las diferentes formas que utilizan los políticos para saludar.
Saludo breve a los que se les brinda un mínimo de cortesía, saludo firme y rápido para atender el protocolo, saludo largo con apretón del antebrazo con la mano izquierda a quienes se ofrece una muestra extra de afecto, saludo y abrazo para ocasiones de celebración y otras variantes de saludo y abrazo fueron explicadas y actuadas por Manuel Bartlett y su entrevistador, cuyo nombre escapa a mi memoria en estos momentos.
Me acordé de esa entrevista que derivó en un jocoso manual teórico y práctico del saludo del político mexicano, al ver los videos de la visita a Reynosa de la mera mera Licenciada, Tania Contreras.
En el entendido de que la mera mera Licenciada ya inició su precampaña, no estaría mal que le enseñaran a saludar como candidata, es decir como político, y lo digo porque en este momento saluda como los chamacos que extienden la mano para cumplir con la instrucción de los padres, y no como un adulto que valora y aprecia esos pequeños convencionalismos y protocolos que facilitan la interacción entre los adultos.
Más de dos mil personas diarias en promedio, son las que saluda un político en campaña o cuando tiene un cargo relevante; y la cifra recién la escuché, en calidad de excusa, de tres politic@s que muy recientemente fueron exhibidos junto a personajes impresentables.
Si ese gesto lo va a tener que repetir un montón de veces, le conviene a la Licenciada aprender a hacerlo, para que los que reciban el saludo se queden con una buena impresión, creyendo que quien les estrechó la mano es una persona de fiar, a la que le importa el interlocutor.
Si no le alcanzan los viáticos y el presupuesto de la Tremenda Corte Tamaulipeca para contratar a un instructor de saludo, o un coaching de saludo, pa que se oiga caro, le ofrezco mis servicios para ensayar saludo, abrazo y apapacho… con la advertencia que hiciera Rosita Alvirez en boca del Piporro : “nomás no me aprietes mucho, arrastrao”
