De la catedral del poder que fue, hoy el llamado Palacio de Cobián, es solo un jubilado símbolo del ascenso político en México.
Esto se lo digo porque las reglas del juego han cambiado. Y en el 2027, como en el 2028, las reputaciones más visibles del escenario morenista, serán puestas a prueba por el escáner de alta gama llamado Omar García Harfuch, desde la avenida Constituyentes.
No habrá dato comprometedor, pecadillo político o financiero que quede fuera del profundo monitoreo personalizado. Familia, amigos, negocios, cuentas bancarias, patrimonios disimulados, nexos y relaciones serán pasados por el horno de una investigación pormenorizada y exhaustiva.
De ese crisol guinda deberán de salir las piezas electorales de nuevo tipo, capaces de trascender y superar los ataques opositores y las embestidas de Washington.
En 2027 serán Diecisiete gubernaturas y 300 diputaciones federales de mayoría. Más de mil 800 ayuntamientos. Mil 88 escaños en los Congresos locales del país.
En 2028, se disputarán solo cuatro estados de la república. Todo ese ejército de candidaturas morenistas, habrá de ser puesto a prueba, desde los más altos estándares de la ética militante, sin mayores excusas ni pretextos.
Al frente de esta etapa emergente de la democracia mexicana, se encuentra una estadista como Claudia Sheinbaum, misma que no se ha doblado ante las presiones de Donald Trump, y ha ordenado desaforar a la gobernadora de Chihuahua Maru Campos, por traición a la patria.
Lo anterior se da frente a un escenario de endurecimiento en la retórica fronteriza, por parte de la administración estadounidense. Son estos dos frentes los que dominan el presente mexicano, en la ruta del calendario político-electoral.
Y sin embargo, pese a las oscuras sombras del injerencismo gringo que ya se ha puesto en marcha, aquí en el país, la maquinaria electoral de MORENA en el territorio nacional, luce intacta. En las encuestas, la oposición no tiene nada que hacer, ante las preferencias de un electorado muy definido a favor de la marca guinda.
De acuerdo a estudios recientes, el partido de Palacio nacional, MORENA aparece con más de un 43 por ciento en la intención del voto, frente a un escuálido 15 por ciento del panismo y un 12 por ciento del PRI. Ni juntos le ganan.
De las 17 gubernaturas que estarán en juego el año próximo, MORENA sigue dominando las preferencias ciudadanas en al menos 15 entidades federativas.
El efecto del intervencionismo norteamericano en el grueso de la población mexicana, ha generado un sentimiento de rechazo. Casi el ochenta por ciento de nuestros compatriotas consideran una prioridad la defensa de la soberanía ante presiones externas.
Ello se debe, entre otras cosas, a lo siguiente: México no es Venezuela, y Claudia Sheinbaum está muy lejos de ser Nicolas Maduro. Aquí, no se ha generado un movimiento interno, y no existen figuras opositoras a la vista, con suficiente fuerza para encabezar una lucha seria contra el régimen de la 4T.
Otro factor a tomar en cuenta, es el reloj de un escenario, donde los plazos electorales están jugando también un papel determinante. Las elecciones en USA serán en noviembre y las mexicanas se darán hasta 2027.
La estrategia de Sheinbaum hasta ahora es la de resistir, demostrando que hay cooperación binacional y combate efectivo al crimen organizado. En las próximas semanas, el Estado mexicano va a endurecer todavía más las acciones donde operen grupos delictivos.
El propósito central de todo esto, es preservar a toda costa a la clase política morenista, considerada hoy por hoy, como un bastión que no debe ser extraditado a Estados Unidos.
En el ajedrez de Sheinbaum, la clave reside en ganar tiempo, pero sin quedarse con los brazos cruzados. Al contrario, desde el mando supremo de Palacio nacional, se han dado instrucciones para endurecer los filtros de la democracia interna en MORENA.
Esa es la tarea estratégica que tiene por delante Omar Harfuch. Y en esta coyuntura, los que están más vulnerables políticamente hablando, son los del grupo Palenque-Tabasco.
