Por Oscar Díaz Salazar
En una de las ocasiones que tuve de conversar con el riobravense Juan Antonio Guajardo Anzaldua, siendo presidente municipal, me dijo que para algunas de las oficinas de la administración, era conveniente que sus titulares fueran foráneos, ajenos al municipio, e incluso ignorantes del quien es quien en la política y los negocios.
Para fundamentar su opinión sobre la conveniencia de reclutar forasteros para el desempeño de ciertas tareas, me puso de ejemplo a un paisano y vecino mío de Reynosa, que fungía como Director de Predial y Catastro, en el gobierno que presidía Guajardo.
Para un reynosense, todos y cada uno de los contribuyentes de Río Bravo, eran simplemente eso: contribuyentes, ciudadanos que deberían pagar sus impuestos; sin importar si se trataba del personaje más acaudalado del pueblo, del líder de opinión, del empresario más destacado o de un cacique sectorial. A todos se les requería por igual y se les cobraba sin concesiones, favores o rebajas.
Me acordé de esa charla con un personaje que no ha recibido el justo reconocimiento como precursor del movimiento que hoy es gobierno, a propósito de un caso exactamente al revés, donde era obligado y necesario que fueran locales y conocedores de la situación que les fue encomendada atender recientemente, y me refiero a las titularidades de las oficinas de prensa del gobierno del estado y de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Los forasteros que hoy fungen como jefes de prensa, particularmente en la UAT, ni conocen el gremio, ni conocen el oficio, ni conocen el Estado, y están empeñados en suplir esa ignorancia y desconocimiento, preguntando a la inteligencia artificial como hacer su trabajo y como contratar o cancelar contratos de publicidad.
El jefe de prensa universitario cree que con un Nintendo y con la IA puede lavarle la cara al rector, y lo que es peor, andan con el onanismo mental de prepararse para brincar de la rectoría al palacio de gobierno, confiados en que la ley contra el nepotismo entrará en vigor después de que el rector Chaparrón herede el cargo de su primo de oro.
