LA SUCESIÓN Y «EL CALABAZO»

Opinión

EL PATINADERO
Juan Antonio Montoya Báez

La lista de mujeres aspirantes a la candidatura de Morena a la gubernatura no es muy larga, pero tampoco corta. Cuenta con algunos nombres sumamente conocidos que se declaran listos para aceptar, sin protestar ni chistar, la bendición oficial.

El partido guinda se encuentra actualmente en condiciones inmejorables para ganar alcaldías, diputaciones locales, federales, el Senado y hasta para retener la gubernatura, sin embargo, para lograrlo tiene que cumplir con una sencilla tarea que, paradójicamente, suele ser la más complicada para ellos: ser expertos en evitar sus propios errores y no tropezar con la misma piedra. Por desgracia, parece que al morenismo le fascina ese tipo de equivocaciones y hasta entonan cánticos mientras las ejecutan.

En este complejo escenario, la cúpula debe evaluar fríamente quiénes pueden entregar los mejores resultados con el menor índice de negativos posibles, en tiempos de campaña, y con la inmediatez de las redes sociales, toda la podredumbre sale a la luz: se difunde información distorsionada, verdades a medias y también realidades incómodas.

Durante las contiendas se ultraja la moral y las buenas costumbres sin el menor pudor; todo sea en nombre de una posición política, una candidatura y el posterior festín de la victoria electoral, por ello, en el tercer piso deben tener extremo cuidado al seleccionar a sus abanderados municipales, entendiendo que las alcaldías serán la base real para retener la gubernatura.

Actualmente se debate con fuerza si la nominación estatal recaerá en un hombre o en una mujer; muchos dan por sentado que las encuestas y el género favorecerán a una fémina. Entre las mujeres destaca la senadora Maki Ortiz Domínguez, quien encabeza la lista del Partido Verde Ecologista de México, pero a quien nadie debe descartar como la beneficiaria de una alianza total con Morena operada directamente desde la Ciudad de México.

También debe anotarse a la alcaldesa de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Canturosas Villarreal, cuyo desempeño administrativo en la frontera es su mejor carta de presentación; dejará las finanzas públicas saneadas, liquidará por completo la deuda municipal en diciembre de 2026 y ha sabido tejer alianzas estratégicas hacia el sur con figuras como la alcaldesa de Tampico, Mónica Villarreal Anaya. Otro nombre que insiste en colarse es el de la cuestionada presidenta del Supremo Tribunal de Justicia, Tania Contreras López, quien no cesa de hacer movimientos desesperados en busca del favor electoral.

Adicionalmente se encuentra la senadora Olga Sosa Ruiz, quien no deja de placearse por la entidad operando amarres, apuntalando alcaldes e impulsando cuadros afines en cada rincón del estado.

Pero, ¿qué pasaría si las cartas cambian y Morena tuviera que echar mano de un varón para convertirlo en el sucesor? Es ahí donde la baraja se vuelve predecible y nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de los aspirantes. La duda saltó ayer mientras saludábamos en el restaurante El Ébano al secretario general de Gobierno, Héctor Joel Villegas González, mejor conocido como “El Calabazo”, momento en que comenzamos a repasar la lista de los posibles precandidatos.

En cualquier quiniela formal debe figurar el nombre del “Calabazo” Villegas, uno de los personajes más leales al gobernador Américo Villarreal Anaya. Discreto por conveniencia, Villegas aplica con rigor los conocimientos de la vieja escuela política: “quien pregunta no se equivoca”.

Por ello, todas las decisiones de peso las consulta directamente con el mandatario; le lleva la solución digerida en la mesa y espera el visto bueno presidencial para ejecutarla o, de plano, volantear el rumbo según los intereses exclusivos de su jefe.

En esa misma lista debe acomodarse, guste o no, al senador José Ramón Gómez Leal, “El JR”, quien ya opera abiertamente como precandidato. Aunque su trayectoria se caracteriza por dar tumbos y sembrar conflictos internos, a Gómez Leal le sobra dinero para financiar una campaña y le benefician las conexiones que otorgan el poder y el influjo del centro del país.

Sus relaciones en el extinto Distrito Federal son pesadas y le garantizan derecho de picaporte en oficinas prohibidas para la mayoría de los mortales. Su gran mancha, sin embargo, sigue siendo su estrecho parentesco político con su cuñado, el prófugo exgobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, además de las persistentes sospechas en torno al negocio del huachicol fiscal.

Viendo el panorama de los alcaldes de Tamaulipas, son muy pocos los que reúnen las dimensiones para ser tratados como aspirantes serios a la gubernatura. Ahí está, por ejemplo, Lalo Gattás en Ciudad Victoria, quien ya confesó sus ansias por buscar una diputación federal, aunque evidentemente no le desagradaría trepar a la silla estatal, por más que estos no sean tiempos para que mire tan alto. En esa misma lista debe alinearse a Carlos Peña Ortiz, el jefe edilicio de Reynosa; el joven alcalde no ha dicho «esta boca es mía», pero al verse imposibilitado para buscar una nueva reelección en su municipio, se convierte en un actor clave: cualquiera que pretenda sucederlo en Reynosa requerirá obligatoriamente de su bendición y de su estructura.

La baraja de hombres y mujeres de peso no es muy larga que digamos. Podríamos agregar más nombres, pero ingresarían de forma muy forzada; de hecho, algunos de los que ya mencionamos entran prácticamente con calzador. Es verdad que primero se debe sortear la aduana de la elección municipal, pero en la mente de los actores políticos la silla estatal se encuentra a la vuelta de la esquina. La carrera por la sucesión ya comenzó, aun cuando oficialmente nadie haya dado el banderazo de salida.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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