Por Oscar Díaz Salazar
Cuídame de los amigos
que de los enemigos me cuido yo
Para algunos observadores políticos, la derrota del PRI en el municipio de Matamoros, que obligó al presidente municipal Tomas Yarrington a entregar el gobierno al panista Ramón Antonio Sampayo, fue una derrota presupuestada, orquestada, provocada y calculada por el propio alcalde derrotado.
Que su partido perdiera, fue para Yarrington un revés político menor, para eliminar de la lucha por la sucesión gubernamental al candidato perdedor, Homar Zamorano, que en ese tiempo era uno de los hombres más cercanos al gobernador del sombrero.
En tiempos recientes, dos panistas se duelen por haber sido sacrificados, por Francisco N y/o por El Truko Verastegui, pues con su derrota le dejaron el camino libre a ese par que es blanco de sus sospechas, uno para ser candidato a la gubernatura, Truko, y para reinar en solitario en las filas panistas e intentar el regreso al poder con el Hermano Lelo, (Francisco N).
Me refiero a Gerardo Peña, derrotado en su intento de ser diputado federal y Enrique Robas, que mordió el polvo de la derrota en la elección de un distrito local.
Desde luego qué hay más, bastante más, ejemplos y casos de personajes derrotados en una elección que parecía de trámite, pero que no vieron o no pudieron contrarrestar el fuego amigo, un fuego que a veces es de compañeros de partido que persiguen los mismos cargos, o dicho en términos metafóricos: pretenden la misma chamaca; y a veces es el propio jefe quien te envía al matadero, dicho esto último en sentido figurado.
El tema es relevante hoy, porque son varios los actores políticos que se duelen, en lo privado y en cortito, de las acciones y omisiones de sus compañeros de partido.
No hace mucho tiempo el diputado Mario Lopez, La Borrega, se dolía de que no se habían cerrado las carpetas que le “inventó” Cabeza de Vaca. Mismo argumento y pensamiento tienen en la presidencia municipal de Reynosa, pues también está viva la demanda que les armó Cabezuca y que presentó un sujeto premiado con un cargo público.
El sospechosismo cunde en las filas de los morenos tamaulipecos pues los personajes de la oposición, señaladamente los panistas, siguen libres y con sus derechos políticos a salvo, esto es habilitados legalmente para ser candidatos.
La Unidad de Inteligencia Financiera, la Fiscalía Anticorrupción, la Fiscalía del Estado, la Auditoría Superior, la Contraloría del Estado y el Poder Judicial, entre otras dependencias públicas, son miradas con desconfianza porque no han operado políticamente, pues aunque no deberían actuar con ese criterio y enfoque, siempre lo han hecho, y si hoy son omisos o remisos, es porque así conviene a alguien.
presidente municipal Tomas Yarrington a entregar el gobierno al panista Ramón Antonio Sampayo, fue una derrota presupuestada, orquestada, provocada y calculada por el propio alcalde derrotado.
Que su partido perdiera, fue para Yarrington un revés político menor, para eliminar de la lucha por la sucesión gubernamental al candidato perdedor, Homar Zamorano, que en ese tiempo era uno de los hombres más cercanos al gobernador del sombrero.
En tiempos recientes, dos panistas se duelen por haber sido sacrificados, por Francisco N y/o por El Truko Verastegui, pues con su derrota le dejaron el camino libre a ese par que es blanco de sus sospechas, uno para ser candidato a la gubernatura, Truko, y para reinar en solitario en las filas panistas e intentar el regreso al poder con el Hermano Lelo, (Francisco N).
Me refiero a Gerardo Peña, derrotado en su intento de ser diputado federal y Enrique Robas, que mordió el polvo de la derrota en la elección de un distrito local.
Desde luego qué hay más, bastante más, ejemplos y casos de personajes derrotados en una elección que parecía de trámite, pero que no vieron o no pudieron contrarrestar el fuego amigo, un fuego que a veces es de compañeros de partido que persiguen los mismos cargos, o dicho en términos metafóricos: pretenden la misma chamaca; y a veces es el propio jefe quien te envía al matadero, dicho esto último en sentido figurado.
El tema es relevante hoy, porque son varios los actores políticos que se duelen, en lo privado y en cortito, de las acciones y omisiones de sus compañeros de partido.
No hace mucho tiempo el diputado Mario Lopez, La Borrega, se dolía de que no se habían cerrado las carpetas que le “inventó” Cabeza de Vaca. Mismo argumento y pensamiento tienen en la presidencia municipal de Reynosa, pues también está viva la demanda que les armó Cabezuca.
El sospechosismo cunde en las filas de los morenos tamaulipecos pues los personajes de la oposición, señaladamente los panistas, siguen libres y con sus derechos políticos a salvo, esto es habilitados legalmente para ser candidatos.
La Unidad de Inteligencia Financiera, la Fiscalía Anticorrupción, la Fiscalía del Estado, la Auditoría Superior, la Contraloría del Estado y el Poder Judicial, entre otras dependencias públicas, son miradas con desconfianza porque no han operado políticamente, pues aunque no deberían actuar con ese criterio y enfoque, siempre lo han hecho, y si hoy son omisos o remisos, es porque así conviene a alguien.
