CONFIDENCIAL
Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA
Desde siempre hemos tenido la costumbre, casi convertida en cultura, de culpar a la autoridad cuando aplica el reglamento de Tránsito. Sobre todo cuando aparece una grúa y se lleva nuestro vehículo por estar estacionado donde no debe.
Lo vimos recientemente en los alrededores de la Secretaría de Educación de Tamaulipas, donde un operativo sorprendió a decenas de trabajadores, principalmente maestros, cuyos vehículos fueron retirados por encontrarse estacionados en sitios prohibidos.
Las imágenes no tardaron en inundar las redes sociales. Hubo reclamos, gritos, indignación y molestia. Algunos de los afectados argumentaban que llevaban hasta 25 años utilizando esas calles como estacionamiento sin que nadie les hubiera dicho nada.
Y quizá tengan razón en una cosa: durante demasiado tiempo la autoridad fue omisa. Si durante años permitió una práctica irregular, resulta comprensible que muchos terminaran creyendo que aquello era perfectamente normal.
Pero una omisión prolongada de la autoridad no convierte una infracción en un derecho adquirido. Que durante 20 o 25 años nadie haya aplicado el reglamento no significa que éste haya dejado de existir.
Ahí comienza la parte que pocas veces queremos admitir: también nosotros somos responsables. Nos gusta exigir que la autoridad cumpla la ley, siempre y cuando esa ley no nos incomode ni afecte nuestros hábitos.
No queremos caminar tres cuadras, no queremos pagar un estacionamiento y tampoco queremos perder tiempo buscando un espacio permitido.
Entonces aparece la raya amarilla y nos convencemos de que “serán solamente tres minutitos”.Lo mismo ocurre cuando manejamos por encima del límite de velocidad, contestamos el teléfono al volante, damos vuelta donde está prohibido o circulamos sin licencia o tarjeta de circulación.
Siempre encontramos una explicación para justificar lo que sabemos que está mal.Después llega el agente, aparece la multa o se presenta la grúa y entonces el culpable es el gobierno, Tránsito, el oficial, el alcalde o cualquier otro.
Rara vez volteamos hacia nosotros mismos.Por supuesto que la autoridad también está obligada a actuar con criterio, transparencia y sin abusos.
Los operativos no deben convertirse en mecanismos recaudatorios ni aplicarse selectivamente. La ley debe valer igual frente a una escuela, una oficina pública o el Palacio de Gobierno.
Pero la mejor manera de evitar una multa costosa o ver nuestro vehículo arriba de una grúa sigue siendo extraordinariamente sencilla: estacionarnos donde debemos, respetar los límites de velocidad y cumplir las reglas básicas de circulación.Es tiempo de cambiar ese viejo chip de exigir ciudadanos ejemplares desde el gobierno mientras nosotros buscamos cómo sacarle la vuelta al reglamento.
La cultura vial también comienza en casa y detrás del volante.EL RESTO¿SERÁ SUFICIENTE?.- Aun y cuando haya pedido nuevamente licencia para dejar el cargo, el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa es un agravio y una especie de reto para el gobierno del país vecino que lo reclama por una serie de delitos derivados de la presunta protección al Cártel de Sinaloa.
Así que es muy probable que, durante los siguientes días venga una reacción severa de Estados Unidos, que pudiera incluir más solicitudes de extradición contra políticos mexicanos.¿Incluido AMLO? No lo descarte.ASÍ ANDAN LAS COSAS.
