TINTA NEGRA
Alfredo Guevara
A ciencia cierta nadie se quiere atribuir la embestida contra todos aquellos vehículos que, estén estacionados en la acera izquierda o derecha, los está remolcando una grúa hacia sus corralones o bien, elementos de Tránsito y Vialidad a terrenos saturados por motocicletas.
Y aunque el Congreso aprobó por unanimidad la denominada “Ley Grúa”, a propuesta de la diputada MAGALY DEÁNDAR, pareciera que tanto empresas particulares como la dirección de Tránsito y Vialidad, se la pasan por el arco del triunfo.
Si bien se buscaba poner un alto a prácticas consideradas arbitrarias en el retiro de vehículos por parte de grúas, la iniciativa sólo sirvió para dos cosas, porque se siguen cometiendo no los mismos, sino peores arbitrariedades por los conductores de esas plataformas, que se sienten con mucho poder y escasa sensibilidad social.
Es cierto que en Ciudad Victoria hay un desorden urbano en materia de vialidad, que se ha convertido en un problema complejo al no haber espacios suficientes espacios para estacionar las unidades y, en algunos casos, los conductores lo hacen sin respeto a la privacidad, a la línea amarilla, en lugares destinados a personas con discapacidad, sin tomar en cuenta metros, aceras y sentidos de la calle.
De esos abusos y arbitrariedades, han sido víctimas trabajadores del Ayuntamiento, los que laboran en dependencias de palacio de gobierno, de la torre Bicentenario, la Secretaría de Educación y últimamente, en el Instituto Mexicano del Seguro Social.
Lo más insensible e inhumano que han hecho, es ir contra las personas que acuden a la clínica o delegación del IMSS por cuestiones de atención o citas médicas, incluso, al ir a visitar a algún familiar, amigo, conocido o compañero de trabajo, al salir y no encontrar su vehículo, sin hacer menos, lo que han padecido empleados de gobierno, la SET, torre Bicentenario, el municipio y otros.
Y es que, si bien algunas personas están en condiciones económicas de pagar de casi tres mil a siete u ocho mil pesos por sacar las unidades trasladadas por las grúas del corralón o sus terrenos, habrá otras personas que tienen que pedir prestado, empeñar o vender algo, para liquidar la sanción.
Desde luego que la inconformidad de los automovilistas, víctimas de estos abusos y arbitrariedades cada día se incrementa y no precisamente contra alguien en lo particular. Por lo mismo, vienen tiempos políticos – electorales y, lo más seguro, es que ahí se desquite la gente. EN FIN.
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