Mientras el estado enfrenta problemas de agua, contaminación, pesca, campo y desarrollo fronterizo, la senadora llevó a la tribuna una iniciativa para mantener unidas las tapas a las botellas de plástico.
Martín Díaz / Periodismo con Firma
Después de su iniciativa para ponerle una “A” a la palabra Presidenta, de Olga Sosa podíamos esperar cualquier cosa.
Salió muy buena para los recorridos y la selfie por todo el estado, pero sus iniciativas todavía están lejos del tamaño de los problemas que enfrenta Tamaulipas.
Ahora subió a la tribuna del Senado para presentar una reforma que obligaría a fabricar las botellas de plástico de manera que sus tapas permanezcan unidas durante su utilización.
Dicho en lenguaje parlamentario, es una propuesta para combatir la contaminación. Dicho en lenguaje de barrio: quiere que ya no se pierdan las corcholatas.
La propuesta no es absurda. Mantener la tapa pegada al envase facilita que ambas sean recolectadas y reduce la posibilidad de que ese pequeño plástico termine en calles, ríos, playas o en el mar.
El problema no está solamente en lo que propone, sino en el tamaño político que intenta darle.
La medida tampoco es novedosa. La Unión Europea la aprobó desde 2019 y la convirtió en obligación a partir de julio de 2024 para determinados envases de bebidas. Las grandes embotelladoras llevan años adaptando sus diseños y líneas de producción.
Olga Sosa no descubrió el hilo negro. Apenas encontró la tapa.
Además, una botella con la tapa pegada sigue siendo basura cuando no existe una recolección eficiente, separación de residuos, plantas recicladoras suficientes ni responsabilidad efectiva de los fabricantes.
La iniciativa puede evitar que la tapa se separe, pero no garantiza que el envase llegue a reciclarse. Si la botella termina abandonada en la calle, la corcholata llegará muy bien acompañada al mismo basurero.
En su presentación pública tampoco explicó cuánto costará modificar los procesos de producción, qué plazo tendrían las empresas para hacerlo, qué autoridad vigilaría el cumplimiento ni cuáles serían las sanciones.
Sin plazos, vigilancia y consecuencias, la reforma corre el riesgo de quedarse en una buena intención ambiental convertida en material para Facebook.
Pero cabe preguntar: ¿esa es la dimensión de los problemas que una senadora por Tamaulipas decidió llevar a la tribuna?
El estado que representa enfrenta crisis de agua, contaminación de lagunas y costas, deterioro de la infraestructura hidráulica, abandono del campo, dificultades para los pescadores y enormes desafíos económicos en la frontera.
Frente a esa realidad, la gran noticia legislativa fue amarrarle la tapa a una botella.
No se trata de despreciar las pequeñas soluciones, sino de exigir que las prioridades legislativas tengan el tamaño de los problemas que enfrenta Tamaulipas.
Presentar muchas iniciativas puede engordar las estadísticas personales; convertirlas en leyes útiles y atender las necesidades de quienes votaron por ella es otra cosa.
Mientras Olga Sosa busca que las tapas no se separen de las botellas, en Tamaulipas seguimos esperando congruencia entre los problemas del estado y las iniciativas que presenta la senadora con “A”.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.
