¡¡RAYOS!!, MURIÓ UNO DE MIS MEJORES VECINOS

Portada Reynosa

Por Juan Carlos Rodríguez Terrazas/EL SINODAL DE TAMAULIPAS

Reynosa, Tam..- Siempre que llegaba a mi casa lo veía en la suya, ahí sentado afuera en su banca favorita y yo impaciente cuando lo saludaba, sabía que me esperaba con un bombardeo de preguntas y yo le decía ahorita regreso, solo permítame checar tarjeta.

Muchas veces entré a mi casa y ya no regresé. “Es más fácil controlar a king kong con rabia que a ya sabes quien”, le decía yo al día siguiente a modo de justificación, comentario que me festejaba y asentía con una amplia carcajada que compartíamos con singular alegría y con un resignado y pícaro respingo en él que me contestaba “!!Rayos!!, ya seeé, a poco crees que yo estoy en un lecho de rosas”.

Otras veces llegué yo de la calle, por las noches ó madrugadas y él estaba ahí en su “perruno corral” como él decía; teníamos la oportunidad de hablar del tema del día o simplemente reír o sonsear, comentando jocosa aunque brevemente, sobre los acontecimientos de la diaria rutina; el era jubilado de la industria maquiladora, su nombre: Juan Carlos Ramirez Reyna.

Otras veces nos enviábamos, a través del WhatsApp, algunos chistes o videos divertidos y otros la mayoría, francamente irrelevantes, pero siempre reíamos como locos de cualquier tontería.

Me hablaba de las proezas de su nieta y yo le daba todo el crédito que necesita el buen abuelo, él sonreía al final y me decía, tocayo de que te cuento y te admiras si tú tienes 17 nietos.

Asumíamos que lo sabíamos todo, pero siempre quedábamos con dudas y era común terminar preguntándole al amigo “Google” sobre otras personas, de trabajo, de medicina, de política y hasta de deportes; él con el béisbol amateur que practicó en sus años mozos, yo de boxeo contemporáneo siempre aderezado todo con remaches divertidos.

Cuando yo elogiaba sus publicaciones invariablemente le decía “Excelente” y él, a su vez, contestaba a las mías. ¡¡ Rayos!!” y luego nos reíamos y volvíamos a retomar temas, aunque estos no fueran de naturaleza importante. Éramos dos amigos en el tiempo, parafraseando cosas de la infancia que quizá en nuestras vidas no disfrutamos a plenitud, pues él como yo, platicábamos, que trabajamos desde muy chavos en nuestro propio entorno para apoyar a nuestras respectuvas familias.

Debo decir que, en más de 30 años de conocernos, nunca nos distanciamos, solo una vez: el día que yo no quise probar una nueva marca de cerveza que le habían obsequiado. Pasaron varios días sin siquiera saludarnos, pero una buena noche llegué y percibí la misma calidez de siempre y me ofreció otra vez, la misma condenada chela americana y ya de retirada le di un sorbo y le comenté afinando la voz, “ésto está Excelente…” y él me soltó un sorpresivo obús; “ándele cabrón hasta que usted solito se convenció”, pero la verdad, hoy lo confieso, sabía a “Rayos” camarada.

Buen vecino, buen amigo, buen conversador, “Don Carlos” como le decía aunque fuera algunos años menor que yo, siempre apreció de mis hijos, todos ellos ya adultos, su disponibilidad y solidaridad para apoyar a los demás aunque no se los solicitaran y valoraba de cada uno de ellos, lo que con nostalgia recordaba sobretodo su feliz niñez y las múltiples travesuras que realizaron cada uno de ellos. «Ah canijos», asi los recordaba.

Se fue el amigo “Don Carlos” y sé que de la vida se lleva lo mejor. Su bonita familia con su esposa, sus hijas, padres y hermanos, fueron su más grande orgullo y también se con un nudo en la garganta, que no hay palabras que puedan aliviar su pena por tan irreparable pérdida.

Es un hecho que Dios Padre abrió el portón grande para hacerlo entrar al paraíso, “aunque sea de a caballito” como él decía en términos beisboleros para que le brinden una gran bienvenida “como si hubiera pegado jonrón con las bases llenas”, aunque él también estoy seguro, que habría querido llegar hasta allá, acompañado por su “Bebé”; su tierno y fiel perro bóxer que le acompañaba todas sus noches de insomnio.

¡Rayos!, estoy llorando; Descanse en paz “tocayón”, sé que algún día nos reencontraremos y reanudaremos la larga plática muchas veces suspendida porque ya era tarde. Vaya con Dios, disfrútelo y que sea este, un viaje “Excelente”.

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