EL PATINADERO
Juan Antonio Montoya Báez
Hasta el momento, la franquicia de Morena tiene nominadas a diez «corcholatas» —o aspirantes purificados— a diversas candidaturas. Algunos destapes llegaron a destiempo y otros desafiando cualquier rastro de lógica elemental; sin embargo, en la cúpula guinda juran que traen lo necesario para ganar, metan a quien metan.
Toda su audaz estrategia va encaminada al infalible voto del hambre o, como les gusta llamarlo formalmente, la noble «política social» diseñada minuciosamente para atrapar simpatizantes, financiada, por supuesto, con el generoso bolsillo del presupuesto federal.
De los bendecidos que ya recibieron el sagrado palomazo de la dirigencia nacional, la lista quedó así: en Aguascalientes, Nora Ruvalcaba Gámez; en Baja California, Julieta Ramírez Padilla; en Campeche, Pablo Gutiérrez Lazarus; en Colima, Rosa María Bayardo; en Guerrero, Beatriz Mojica Morga; en Michoacán, Carlos Torres Piña; en Querétaro, Santiago Nieto Castillo; en Quintana Roo, Eugenio “Gino” Segura; en Sinaloa, Imelda Castro Castro; y en Zacatecas, Verónica Díaz Robles.
De este selecto club de diez elegidos, cuatro resultaron varones y seis son mujeres. Lo divertido del asunto es que varios de los agraciados no figuraban ni por error en el primer lugar de las encuestas; marchaban cómodamente en segundo y hasta tercer sitio, como el tierno caso de Verónica Díaz Robles en Zacatecas.
Qué coincidencia tan afortunada que sea la excuñada del mismísimo cacique de la región, Ricardo Monreal Ávila. Quizá ese pequeño detalle genético-político sirvió para seleccionarla, a pesar de haber perdido la encuesta interna de manera estrepitosa, una humillación matemática que la propia dirigencia nacional de Morena reconoció sin pudor al momento de anunciar su milagroso nombramiento.
Pero claro, todavía falta que saquen de la tómbola a los candidatos de los estados restantes. Vamos a llamarlo por su nombre, porque eso de bautizarlos como «coordinadores estatales en defensa de la transformación y soberanía nacional» es solo una elegante forma de burocratizar y maquillar el dedazo de siempre.
Por ahora, el barco sigue encallado en Baja California Sur, Chihuahua, Nayarit, Sonora y Tlaxcala. Pero donde el engrudo verdaderamente se les hizo bolas es en Nuevo León y San Luis Potosí, las joyas de la corona que más le importan a la militancia y, sobre todo, a los vecinos tamaulipecos por obvias razones de cercanía geográfica y complicidades políticas.
En esas tierras no hay condiciones de unidad ni mucho menos garantías de una victoria total; solo hay fechas tentativas flotando en el aire. Eso sí, ya andan equipos enteros de operadores tamaulipecos trabajando horas extra e intentando acomodarse bajo la sombra de algún padrino.
En San Luis Potosí, el gobernador Ricardo «El Pollo» Gallardo Cardona pretende heredarle la silla estatal a su esposa, la actual senadora Ruth González Silva. Ella ganó su escaño de manera contundente y ahora espera devorarse la gubernatura con las siglas del Partido Verde. El «Pollo» está convencido de que su marca local aplasta a cualquiera, incluso si Morena decide ponerse digno y competirle en contra.
Debido a estos nudos de alta política, la selección en las alcaldías se ha pospuesto una y otra vez. En Tamaulipas, según las piadosas versiones del presidente del Consejo Estatal de Morena, Rómulo Pérez, el milagro de las definiciones se espera para mediados o finales de octubre. Primero tienen que destrabar el desorden nacional para que los de abajo puedan empezar a repartirse el pastel.
En Ciudad Victoria, la sucesión se ha convertido en una auténtica pelea de callejón. Por un lado, desde los pasillos del Palacio de Gobierno insisten caprichosamente en empujar las aspiraciones del secretario del Trabajo, Luis Gerardo Illoldi Reyes.
Al funcionario parece no incomodarle el pequeño detalle de que sobre su espalda pesen graves denuncias ante la Fiscalía Anticorrupción por presunto enriquecimiento ilícito y la supuesta venta de plazas. Él dice que todo es transparente, pero las indagatorias ahí siguen y la misma Contralora Norma Angelica Pedraza Melo reconoció que lo investigan.
Por otro lado, está el diputado federal Pepe Braña, quien ya pintó su raya y advirtió que no dará un solo paso atrás en su obsesión por la alcaldía victorense; transar o negociar no está en su vocabulario. Quizás en el pasado lo habrían convencido y aplacado entregándole la delegación federal de la Sebien —para irlo engordando como aspirante a la gubernatura—, pero en la cúpula prefirieron desperdiciar la posición entregándosela a una activa defensora y bailarina del agua, los ríos, las presas y los mares. Toda una activista mística y «hippie» de la ecología despachando en el presupuesto.
Y para meterle más sabor al caldo, está el pleito abierto del propio Rómulo Pérez, quien también quiere ser el candidato a la alcaldía. Rómulo presume tener muchos menos negativos que Illoldi, pero sus detractores lo acusan de ser descaradamente juez y parte al mantenerse como líder del partido y subsecretario al mismo tiempo. Él jura que eso no lo descalifica; una opinión que, por supuesto, no comparte el secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez.
Hugo, que tampoco se quiere quedar sin su rebanada de poder, alega que no tienen por qué congelarlo si pertenece al equipo político del actual alcalde Lalo Gattás y encabeza los primeros lugares de popularidad en las encuestas locales.
Los pleitos y las puñaladas por la espalda en Morena ya están cantados. En el caso de Ciudad Victoria, la rebatiña parece una historia de nunca acabar, sazonada con acusaciones de corrupción, abusos de poder y traiciones vecinales. La sucesión de Gattás está resultando ser cualquier cosa, menos una noche de fiesta.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos… miren que el lodo guinda resbala bastante feo.
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