EL PATINADERO
Juan Antonio Montoya Báez
Parece que hay un miedo espantoso entre algunos secretarios del gabinete estatal para soltar la jugosa posición presupuestal con la que cuentan. Aunque, viéndolo fríamente, todo apunta a un plan perfectamente trazado por el gobernador Américo Villarreal Anaya para cumplir con ciertos compromisos de campaña, mientras de paso se deshace de algunos colaboradores bastante incómodos.
Son dos escenarios perfectamente válidos. Lo divertido es ver cómo al menos dos de sus funcionarios han contestado con voz temblorosa cuando los cuestionan sobre la posibilidad de renunciar a sus cargos; saben perfectamente que, si no resultan elegidos, difícilmente regresarán a sus oficinas, y que cualquier otra posición de consolación les va a quedar muy chica para sus inflados egos.
Primeramente, hace algunos días, la titular de la Secretaría de Desarrollo Económico, Ninfita Cantú Deandar, armó tremendo berrinche digno de telenovela al impedirle a un conocido empresario el acceso a un evento de la Federación al que había sido formalmente invitado.
Tras el desaire, la funcionaria prefirió rehuir los micrófonos y se negó rotundamente a tocar el tema de si buscará o no la candidatura de Morena a la alcaldía de Nuevo Laredo. Al final, soltó la clásica, temerosa y trillada respuesta de que «está plenamente concentrada en su papel».
Hay que recordar que su llegada al cargo no obedeció precisamente a una brillante preparación profesional o laboral, sino a una poderosa recomendación familiar.
En la dependencia no ha hecho más que colisionar con los empresarios y los grupos económicos del estado, pues poco conoce de las reglas mínimas de la urbanidad política; le encanta actuar como patrona de hacienda, más que como servidora pública.
No quiere hablar de renuncia o aspiraciones, pero todas sus acciones van directo a ese objetivo: se la pasa visitando colonias en Nuevo Laredo, eso sí, cuidando no invertir un solo centavo.
Su trabajo es lamentable si se le compara con el de otros aspirantes de su propio partido, y ni qué decir ante la que será la candidata del PAN, la experimentada y bien calificada YAC.
Ninfita simplemente se quedó pequeña; es incapaz de fijar una postura clara porque dejar el gabinete por una aventura electoral incierta no le cuadra del todo. Seguir cobrando como secretaria siempre será más atractivo que arriesgarse a quedar sin el membrete.
Lo mismo pasa con el secretario del Trabajo, Luis Gerardo Illoldi Reyes, quien no parece traer prisa alguna por firmar su renuncia para ir en busca de la alcaldía victorense, a pesar de que sus colaboradores más cercanos ya andan repartiéndose alegremente las posiciones del próximo ayuntamiento.
El funcionario soltó la gracia de que no tiene apuro, asegurando muy campante que la ley le da de plazo hasta 90 días antes de la elección para separarse del cargo. Nada más alejado de su realidad interna.
Apenas hace unas horas, la dirigencia nacional de Morena soltó la convocatoria oficial para la selección de sus candidatos, donde establecen dos reglas de oro que le juegan completamente en contra. La primera es que para registrarse no deben ocupar ningún cargo en el servicio público federal o local al momento de la inscripción; la segunda, y la más cantada de todas, es el requisito explícito de contar con una trayectoria honesta, un pasado probo y fuera de toda mancha de corrupción.
Y ahí es donde el barco de Illoldi hace agua: actualmente pesan sobre él dos denuncias formales en la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción por presunta venta de plazas y enriquecimiento ilícito, con expedientes robustos que documentan una docena de propiedades adquiridas misteriosamente durante este sexenio.
En cualquier democracia seria, este expediente atropellaría de inmediato sus ambiciones, pero ya sabemos que en Morena se vive felizmente en el mundo del revés.
Para cerrar con una nota que vale la pena destacar, es el papel que ejerció el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, al fungir como moderador y copresidente de la mesa académica en la VII Cumbre de Rectores México-Japón. Junto a la doctora Chizuru Nishio, vicepresidenta de la Universidad de Tsukuba, el rector de la UAT guio con éxito las discusiones de este prestigioso encuentro internacional.
Durante su intervención, Dámaso Anaya demostró visión global al señalar que las agendas de Japón y México coinciden plenamente en retos prioritarios como la transición energética, la gestión sustentable de los recursos, la respuesta ante desastres naturales y la reducción de las brechas regionales, por encima de las distancias geográficas y socioeconómicas.
Un moderador de ese nivel y un buen maestro es lo que necesitan urgentemente varios de los aspirantes de Morena, quienes de plano no se saben ni la «U» por lo redondo. Vaya, el burrito de la escuela sabe más que muchos de ellos, cuya tonada política no les sale ni aunque les pongan a tocar la flauta.
Bueno, por hoy es todo.
El patinazo… miren que estirar tanto la liga para no soltar la nómina puede terminar rompiendo la candidatura.
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