LA COMUNA
José Ángel Solorio Martínez
En función del escenario regional, podríamos conjeturar que una buena campaña de un alcalde, para ser exitosa, debe cumplir con al menos los siguientes requisitos:
1.- Un buen candidato. Con presencia y trabajo en la geografía que disputa. Ello le proporciona liderazgo y competitividad político-electoral.
Con una aceptación ciudadana mayor que su rechazo.
2.- Estructura sólida. Ya sea la que le aporte el partido o la que haya creado a iniciativa propia.
Apostarle a la estructura gubernamental es una gigantesca pifia: ya Coahuila dio cuenta de que es vaporosa esa posibilidad, sobre todo en comicios locales.
Si se quiere trasladar mecánicamente la bondad de los programas sociales a votos, muchos se van a topar con la pared.
Los partidos son inexistentes; o al
menos, son insuficientes sus presencias para triunfar; es un dato que hay que tomar en cuenta..
3–. Estructura financiera. Ni uno solo de los partidos tiene la fortaleza económica para apuntalar cómo se debe a un candidato a alcalde. Menos si este tiene pocas expectativas de salir airoso.
Muchos venden su alma al diablo para cubrir las exigencias de una campaña.
4.- La menos atendida pero dependiendo de las circunstancias, puede definir el resultado de la elección: la narrativa.
Está tiene que ir en convergencia con los lineamientos nacionales y estatales del partido, en apego a los paisaje sociopolíticos de la comarca.
Cuantos candidatos va a cumplir con esas ordenanzas?
No muchos.
Están enfocados tanto en las precampañas, que han soslayado las campañas que demandan otro tipo de eventualidades.
Es relativamente sencillo evaluar las posibilidades de ganar de los candidatos pasándolos por esos sencillos filtros.
Solo hay que insertar el nombre y preguntarle al sentido común. Ni siquiera tendríamos que recurrir a la tan solicitada inteligencia artificial
Es mucho más simple, cuando se ponderan todas esas variables y se saca el resultado sin echarle de más crema a los tacos.
La emoción de la política ciega a los más frágiles y débiles de estructuras cognitivas y los hace gritar fraude, robo y traición.
Por brincarse esas premisas, existen tantos precandidatos perdedores que no se explican como la democracia los arrolló.
