AL VUELO
Por Pegaso
No es broma. No es murmullo. No son comentarios aislados. Es una realidad que ya estamos viendo en varios países de Occidente y ya la tenemos en México.
La islamización empezó, y si no hay nada que la detenga, lo más probable es que pronto tengamos manifestaciones de violencia y xenofobia.
Un mensaje que vi en redes sociales apenas esta semana, elaborado y difundido por grupos cristianos, alertan sobre el hecho de que los musulmanes, practicantes del islam, suelen comportarse amistosa y respetuosamente en una comunidad, mientras son minoría. Cuando logran ser mayoría, en dichas comunidades no hay una sola persona que profese otro credo. Los expulsan o los amenazan si no se convierten a su fe.
En España, en Francia, en Inglaterra, en Italia y en Alemania, las mezquitas surgen como hongos.
En nuestro país también se anunció la construcción o creación de templos relacionados con esta creencia, pero bueno, ¿todo esto constituye un peligro real?
En México hay libertad de creencias, pero de eso a que una religión o un libro te hable de que hay que matar a los infieles o convertirlos a la fuerza, ya es otra cosa.
Un tal Artemio Estrella, que se autodenomina “Candidato a la Presidencia de la República” publicó en su muro de Facebook lo que dice, es su “cuarta promesa como futuro candidato presidencial”.
Aún en su delirio, ya se dio cuenta del peligro al que enfrentamos como Nación.
Dice: “Como liberal clásico, no puedo condenar la libertad de conciencia. Los comunistas podrán seguir siendo quienes son, mientras no rompan el orden ni criminalicen con la excusa de actos revolucionarios que justifiquen su causa. Los musulmanes podrán seguir profesando su fe, siempre que no ejerzan su guerra santa explícita contra ciudadanos, sean cristianos o no. Los judíos podrán seguir siendo quienes son, mientras no ejerzan presión para establecerse por encima de los demás”.
Asegura que, cuando ya esté él pedorreando la silla presidencial, se aplicarán sanciones económicas ante la primera provocación y prisión cuando sea necesario.
También maneja la deportación en caso de extranjeros que recurran a acciones de violencia o coerción, aún cuando hayan obtenido la ciudadanía mexicana.
“Y en caso extremo, como cuando se hacía en antaño en la época virreinal, los musulmanes y judíos, deberán renunciar públicamente y firmadamente a su fe, bajo sanción de deportación o prisión. Mi propuesta es de tolerancia cero para cualquier grupo político, ideológico o religioso que atente contra los principios y valores morales y la soberanía de nuestra nación”.
Hasta ahí termina su “cuarta promesa”.
Miren. Las creencias no son malas. Ayudan a mantener a la gente tranquila, con esperanzas, y así, son fácilmente manipulables por los gobiernos.
Lo malo, bizarro y repulsivo resulta ser el fundamentalismo. En el caso de los musulmanes, El Corán los obliga a hacer la guerra a los infieles, les permite trapear el piso con sus mujeres, aplicar castigos brutales a quienes violen sus leyes, tener un titipuchal de esposas y a casarse con menores de edad. Ellos todavía viven en la Edad Media.
Pero los judíos no curten malas vaquetas. Piensan que son una raza superior, destinada a gobernar al resto de los seres humanos, a los que consideran casi como animales.
Si se dan cuenta, estos son los que están en guerra en el Medio Oriente. Ojalá que se maten entre ellos, pero que no traigan su peste y su maldición a tierras ajenas, mucho menos a nuestro querido y amado Mexicalpan de las Tunas.
Venga el refrán estilo Pegaso: “Tan pésimo el moteado como el bermejo”. (Tan malo el pinto como el colorado).
Please follow and like us:
