Por Oscar Díaz Salazar
Solo porque mi fuente es una persona seria y muy confiable, quien me dijo que había detectado a Héctor “El Guasón” Garza, en palacio de gobierno de Ciudad Victoria, doy por buena esa versión, pues incluso aunque yo lo hubiera visto con mis propios ojos, me negaría a creerlo.
Dudaría de la presencia del Guasón en la sede del Poder Ejecutivo del Estado, porque el reynosense se ha cansado de criticar a los inquilinos de ese recinto, desde el que ocupa el despacho principal, pasando por el que labora en la otra esquina del tercer piso, y a todos los que acompañan al gobernador, los burócratas, los ex priistas, los avorazados, los familiares, pero principalmente los que fueron patrocinados por los hermanos Muñecos.
Supongo que la visita del Guasón a Palacio, tiene que ver con una instrucción de los dirigentes de morena, para tocar base, presentar los respetos y solicitar el visto bueno, de quien llamaríamos el primer morenista de Tamaulipas, si nos ajustáramos a las costumbres y el lenguaje de los priistas.
La foto con el gobernador, como la que ya consiguieron y publicaron personajes como Jota Erre, Claudia Hernández, Erasmo González y otros, parece que ya se volvió requisito para los políticos que aspiran a ser coordinadores de la soberanía y otras yerbas, que en lenguaje simple significa pre candidatos a algo. Esa foto no la consiguió el Guasón, aunque tal vez si la promesa de no vetar su posible candidatura a ¿la presidencia municipal de Reynosa?
No me extiendo en especular las razones que tuvo Hector Garza para visitar la oficina de los personajes que odia con odio jarocho. Podría preguntarle directamente. Tengo su teléfono, pero sabido es que el Guasón es bipolar y lo mismo me puede responder con la amabilidad y corrección de un político de altura, -me consta que sabe hacerlo-, que contestarme con una grosería, en lo que también es muy competente.
Aclaró por mi parte que no critico al Guasón por sentir odio o desprecio por un ex competidor, ni siquiera por externarlo con frecuencia y ante todo el que prestaba oídos; lo que me decepciona es que claudique en esos pensamientos y sentimientos por una aspiración política.
Si el precio para alcanzar una candidatura es besar la mano de una persona que ha merecido tu desprecio, (dicho esto en sentido figurado), mejor nadota, como dicen los chavos…
Pero eso es lo que opino desde afuera y ajeno a ese dilema.
¿Usted que opina ?
