Por Oscar Díaz Salazar
Comienzo diciéndoles que supe de la existencia de Gina Hinojosa el día de su triunfo en la elección para gobernador de Texas.
Al revisar lo que de ella se dice y publica en medios electrónicos de comunicación y redes sociales, me gustó lo que leí y vi.
Varias son las razones por las que me gustó la próxima gobernadora de Texas:
Porque nació en McAllen, la colonia más bonita de Reynosa
Porque sus raíces son mexicanas
Porque era la retadora
Porque es mujer
Porque es 956
Porque creció en Brownsville, una de las ciudades más pobres de Estados Unidos.
Porque estudio en Austin, la hermosa capital de Texas.
Porque es demócrata.
Porque fue una causa y no una ambición lo que la llevó a la política.
Porque en el primerísimo lugar de su discurso y de sus prioridades está la educación pública.
Porque quiere a los maestr@s
Porque celebró su victoria en un texanisimo wathaburguer
Porque le ganó a un “bolillo”.
Porque al recordar a su abuela con respeto y en español, va implícito el respeto a la raza de bronce.
Porque es hija de migrantes.
Porque está hecha a la medida del tercer hijo de mi ama.
Porque tiene una poca de gracia
Porque la menospreciaron
Porque ha sido modesta en el triunfo, reconociendo a su gente el mérito.
Porque su triunfo demuestra la importancia de los migrantes, la cultura mexicana, el idioma español, los trabajadores, las mujeres, la educación pública, los jóvenes, las comunidades biculturales, las madres, los maestros, las minorías, las clases medias.
El único pero que le pongo a la gobernadora texana, es que no tiene disponible ni vacante la chamba de primer damo de Texas, a la que con mucho gusto “aplicaría”.
