De la burla en redes al poder en las urnas: cómo el fenómeno de los «No Sabo» en EE. UU. marca la ruta para que las juventudes y los sectores excluidos en México conviertan el abstencionismo en una revolución democrática.
Martín Díaz / La Nube
Periodismo con Firma
Durante años, en las redes sociales circuló con burla la etiqueta de los «No Sabo kids»: jóvenes estadounidenses de origen hispano criticados por no hablar un español fluido. Sin embargo, en el más reciente ciclo electoral de Estados Unidos, esa misma generación dio un golpe sobre la mesa. Lejos de avergonzarse, abrazaron el término, se organizaron en plataformas digitales y salieron a votar masivamente bajo una consigna clara: el voto por procuración. No votaron por lealtad a un partido, sino para proteger a sus familias, a sus comunidades y su futuro. Demostraron que la pertenencia y la causa comunitaria mueven montañas electorales.
El contraste con nuestra realidad local es abismal y preocupante. Mientras allá una generación estigmatizada decidió tomar las riendas de su destino, en México —y de manera muy particular en Tamaulipas— seguimos atrapados en el fantasma del abstencionismo generacional.
Los números oficiales del Instituto Nacional Electoral (INE) revelan una paradoja dolorosa. En la elección presidencial de 2024, la participación nacional alcanzó el 61.04 % de la lista nominal, cediendo terreno frente a elecciones presidenciales anteriores. En Tamaulipas, la participación en esa misma elección rondó el 57 %. En términos llanos, 43 de cada 100 personas inscritas en la lista nominal tamaulipeca no votaron.
La radiografía por edades expone la herida abierta. A nivel nacional, el grupo de 18 a 19 años registró una participación del 56.8 %. Es la novedad, el trámite, el primer ejercicio ciudadano. Sin embargo, el encanto dura un suspiro. Entre los 20 y 24 años, la participación baja al 48.4 %, y entre los 25 y 29 años, al 47.3 %.
Estamos hablando de un universo de alrededor de 26 millones de jóvenes de 18 a 29 años, cerca de una cuarta parte de la lista nominal nacional de 2024. A la vez, los grupos de 20 a 29 años estuvieron entre los que menos acudieron a las urnas. La juventud mexicana no es que no exista en la política; es que ha sido sistemáticamente empujada al desinterés.
¿Por qué no vota la juventud tamaulipeca? La respuesta no está en la apatía inherente de las nuevas generaciones, sino en la obsolescencia de las campañas tradicionales. La clase política insiste en tratar a las y los jóvenes como meros espectadores, comparsas en mítines o creadores de contenido superficial para TikTok durante un par de meses. No entienden que a esta generación no le motivan los colores de un partido ni los eslóganes acartonados del siglo pasado.
El fenómeno de los No Sabo nos deja una lección estratégica implacable: los jóvenes se movilizan cuando la política toca su realidad inmediata. Votan cuando entienden que su boleta impacta directamente en la seguridad de sus colonias, el acceso al agua, las oportunidades de empleo digno o la estabilidad del hogar.
De cara al próximo proceso electoral, la responsabilidad no cae solo en las instituciones o en los partidos políticos —que tendrán que decidir si abren espacios reales de decisión o siguen ofreciendo candidaturas de relleno—, sino en las propias juventudes.
El día que los jóvenes en Tamaulipas entiendan el enorme peso demográfico que tienen en sus manos y transformen el reclamo social en una presencia masiva en las urnas, la abstención dejará de ganar. Ese día, la política local dejará de decidir por ellos y ellos podrán tomar las riendas del futuro de nuestro Estado y nuestro país.
Ahí están los hechos, que cada quién saque sus conclusiones.
