AL VUELO
Por Pegaso
Se fue el decrépito anciano que durante muchos años, exactamente desde el 18 de enero de 2019, hasta el día de ayer, hacía lo que quería al frente de la Fiscalía General de la República.
Alejandro Gertz Manero, un tipo rudo, no solo por su estilo de llevar la institución como instrumento de venganza y represión, sino también por su gesto adusto y agrio.
El período para el que fue designado vencía hasta el 2028, pero de pronto, sin previo aviso, le llegó una “invitación” de la Presidenta de la República, Claudia Shikitibum, para irse de embajador a un país amigo.
Eso significa que lo quieren tener lejos de México, prácticamente en el exilio, mientras se intentará corregir algunas de las distorsiones más señaladas dentro de la Fiscalía.
Porque, a decir verdad, en México la justicia no está hecha para defender a las víctimas, a los inocentes, a los ofendidos y a los indefensos, sino todo lo contrario.
Se utilizan las leyes a modo. Éstas tienen más agujeros que un queso gruyer y más vericuetos que un laberinto. Los avispados fiscales, que en teoría debían garantizar la aplicación justa de esas leyes, se las pasan por el arco del triunfo y resulta que los más favorecidos son los delincuentes de cuello blanco, aquellos que pueden pagar por ese “servicio” especializado.
Torcer la ley a conveniencia es hoy en día uno de los trabajos más redituables en México. Gracias a ello, las cárceles rebosan de inocentes. Inocentes que al paso de los años, conviviendo con la bazofia humana, salen resentidos a la sociedad y graduados con honores en esas universidades del crimen que son los reclusorios.
Ningún delito puede justificarse, sin embargo, hay atenuantes que deben tomarse en cuenta al momento de hacer justicia. Pongamos por ejemplo un padre de familia desempleado. Tal llega a ser su desesperación, que se atreve a robar algo de alimento de un negocio. El dueño lo sorprende, llama a la policía y el pobre tipo es acusado de robo agravado, puesto que fue sorprendido in fraganti. Se le comprueba el delito y es enviado a prisión, porque no tiene ni siquiera para pagar la multa.
Eso es aplicar la ley, mas no la justicia.
Y eso era lo que hacía ese Savonarola moderno que es Gertz Manero con su equipo de buitres carroñeros.
La verdad es que yo no espero que cambie tanto. La víctima seguirá sin recibir justicia.
Dicen que perro que come huevo, aunque le quemen el hocico lo sigue haciendo, y sería necesario quitar a toda la escoria, desde arriba hasta abajo para que la FGR funcione un poco mejor.
Hasta ahora, aparte de recibir un agravio, había una revictimización, cuando los inocentes eran expuestos a la opinión pública.
Eso debe cambiar.
Para integrar los expedientes criminales adecuadamente se deben utilizar todos los recursos disponibles, no solo legales, sino tecnológicos. Ahora con la CURP biométrica, todos los mexicanos vamos a estar bien vigilados. Si cometemos un delito cualquiera, quedará en nuestro historial, y con solo un clic la Fiscalía va a saber hasta de lo que nos vamos a morir.
Pero todo ese poder debe redirigirse hacia la procuración de una justicia que llegue a las víctimas, que son principalmente la gente pobre, la que no tiene para pagar amparos o abogados caros.
Y ahí viene el otro problema: Los niños de kínder están más preparados que los abogados de oficio que se asignan para la defensa.
Así que, con abogado de oficio o sin él, muchos inocentes siguen cayendo a prisión por no tener los instrumentos legales que comprueben su inocencia.
Ese era el imperio de Gertz Manero y espero que no sea su legado, por el bien de todos.
Viene el refrán estilo Pegaso: “Arrojas el guijarro y sustraes la extremidad superior de la vista”. (Avientas la piedra y escondes la mano).
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